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Título: El arte y sus prácticas en las lógicas comunicativas de la sociedad actual

Escrito por: Dra. Natividad Norma Medero Hernández (1)

Para mediados de los años 70 se comienza a hacer visible un nuevo modelo de sociedad. Según Samir Amin se trata de una nueva etapa dentro sistema capitalista a escala internacional. El  análisis se completa cuando se hace un arco temporal hasta fines de los 80 -caída del muro de Berlín- momento en que el capitalismo se  planea como la "única alternativa posible"; de hecho se pierde el horizonte socialista en los sujetos que habitan las naciones de la inmensa mayoría del planeta. Se habla de un modelo de sociedad donde se asume definitivamente un nuevo tipo de trabajo y de trabajadores: el de la producción de información y "conocimiento" como fuentes principales de obtención de plusvalía. Donde las destrezas mentales tendrán más valor en el mercado laboral, tal como nos alerta recientemente Jesús Martín-Barbero  "estamos hablando de sociedad de la información y sociedad del conocimiento, entonces no podemos olvidar que ambos calificativos de esos modelos de sociedad se dan sobre una sociedad "dual" al mismo tiempo fragmentada e integrada, excluyente e inclusiva, todo en términos socio- culturales." (2). Así es, se entra definitivamente en otra etapa del capitalismo contemporáneo. Con todo, hay un transitar por diferentes etapas o modelos dentro del sistema capitalista. Etapas dentro de las que se establecen determinadas lógicas comunicativas. 
    La etapa actual del capitalismo se caracteriza por un giro hacia lo cultural (3) que produce una colisión funcional entre la economía y la cultura, como señala José Luis Brea en su obra El Tercer Umbral. Dentro de estas nuevas lógicas comunicativas el arte tiene que escamotear su lugar, otrora paradigmático. Hasta entonces hablábamos de un espacio de percepción-apropiación, que había devenido, tras un largo bregar, en modelo de representación para los seres humanos. Ahora, este tiene que enfrentar la osadía de las industrias productoras de subjetividad, sujeción, diferenciación, estatus... Esto es el resultado de un proceso gradual, progresivo y creciente, que ha sobrepasado todas las expectativas. Las prácticas artísticas, tal como fueran entendidas, dentro del proyecto moderno, se desdibujan, se tornan difusas; aparecen diluidas en esa  producción simbólica, masiva, electrónica, comunicativa, mercantilizada... 
    Sin embargo, al tiempo en que las llamadas industrias de la subjetividad continúan su desarrollo (en tanto posibilidad de sobrevivencia para el capitalismo cultural, cuyo soporte continua siendo la producción de plusvalía), se tornan responsables de nuevas lógicas comunicativas, desde estas se logra mantener la enajenación del sujeto puesto que  actúan a nivel del sentido común. El individuo queda atrapado en aquello que les indica y propone cómo hemos de cubrirnos, qué comer y beber, con qué y cómo divertirnos y  sobre todo  qué y cómo "pensar". Sin embargo, es posible constatar, aún, cómo se autogeneran prácticas artísticas que se hacen visibles en tanto convocan a sentir, reflexionar y pensar libremente; para lograr esto se asumen como propuestas cosmovisivas: filosóficas, políticas, religiosas..., en tanto productoras de conocimientos críticos. Así mismo dentro de las sociedades del espectáculo permanecen y se generan espacios y prácticas que ya no se distancia precisamente de lo cotidiano, de lo popular, de lo periférico y que al mismo tiempo están colocando en el foco de atención la permanencia de un "mundo del arte" (4), la existencia de un "campo artístico" (5); un espacio de los artistas, las obras y los públicos artísticos.
    Ahora, hablar de lógicas comunicativas en relación con las prácticas artísticas obliga a detenernos, no solo en aquello que se nos hace visible -o se nos oculta- en un universo irremediablemente estetizado. Se trata del modo en que se articulan estas inmersas en la producción, distribución y consumo de iconografías y relatos culturales; el modo en que los sujetos de tales prácticas participan y se construyen. Acaso se trata de los modos en que éstas praxis se articulan inmersas en toda esa suerte de prácticas culturales (que por cierto, como se ha señalado, también serán asumidas e incorporadas como tales); y esto no solo en virtud de la permanencia de un mundo del arte, un campo artístico..., que mucho tiene que ver con los espacios instituidos y con el mercado del arte, sino, igualmente, en virtud de cualquier otro espacio. Se articula en tanto red comunicativa. Red que se teje constantemente como modo de existencia para este y que se nos desoculta progresivamente a partir de la dinámica con que se mueven los elementos estructuradores de dichas praxis y discursos: el artista (visto incluso como un nuevo trabajador), la obra (si es que a estas alturas puede seguirse hablando de obra de arte en el sentido tradicional) y el público (igual, pensado como un simple receptor de la propuesta). 
    Sin lugar a dudas este enclave socio-cultural es propicio para una deshabilitación de la idea de arte en sentido moderno. Se trata ahora del golpe maestro a una noción construida desde la modernidad euro-occidental. La disolución progresiva de esta, operada ya por las vanguardias artísticas del siglo XX, y que podemos significar de la forma que sigue: Arte-arte (arte para signar la ruptura del Arte consigo mismo), ahora es desplazada desde la perspectiva anglo-norteamericana con del término arts. Se trata de cómo la puesta en marcha de las ideologías del fin impacta también la idea de arte, a tenor de las lógicas comunicativas que se generan en la actual sociedad capitalista, en y desde los centros de poder hegemónico. 
    Si se asume una perspectiva epistemológica y se atiende puntualmente a la evolución de la praxis del arte, es posible visibilizar (6) como ya desde la segunda mitad del siglo XIX se comienzan a producir rupturas del arte consigo mismo, desde determinadas praxis y discursos; luego lo que sucede obliga a aceptar que el suceso insistirá una y otra vez en trastornar al concepto, hasta dejarlo definitivamente trastocado dentro de las sociedades del espectáculo. La mirada se dirige aquí a prácticas que por su naturaleza se tornan difusas, e inhabilitan la posibilidad de establecer taxonomías y fronteras. Su pluralidad y diferencia hace imposible el establecimiento de consensos paradigmáticos. Con todo esto se rehabilita además -desde la perspectiva filosófica, en general- la idea de "muerte del arte" en el sentido en que, propuesta inicialmente por Hegel, resultó perpetuamente reasumida para quedar aplazada hasta el día de hoy. La perspectiva hegeliana que parecía explicar una determinada situación cultural, desde coordenadas muy concretas (filosofía del espíritu en sus diversos momentos de desarrollo) aparece con nuevos matices, una y otra vez, dentro o fuera de los sistemas que siguen la perspectiva filosófica hegeliana, y en todas las situaciones en que se propone discutir la situación y destino del arte actual. 
    Se trata del despliegue de un análisis del problema desde una perspectiva lineal, purista y elitista que no consigue explicar las complejidades del mundo del arte. Es, entre otros, Arthur C. Danto, conocido como el filósofo del "fin del arte", uno de los que en el actual contexto socio-cultural apunta al hecho de que se trata del "...fin de un cierto modo de pensar en el arte. El fin de una era en la que hay una normativa dominante, y eso sí que ha llegado a su fin. La diversidad de obras impide que ahora haya un relato único que englobe todas las posibilidades de hacer arte. Y eso es lo que quiero decir cuando hablo del fin del arte..." (7). Al mismo tiempo propone aquilatar en qué medida hacía falta el desarrollo del mundo del arte (8) para que la filosofía del arte se viera ante el imperativo de asumirlo como posibilidad sería y se repensara a sí misma.
    A raíz de los supuestos dantianos se comienza a hablar de un lugar común para la filosofía y el arte. Esto, en un sentido, en tanto reconocimiento de que el arte hoy, como ya se ha dicho, puede aparecer como propuesta cosmovisiva de tal naturaleza; y en otro sentido, en la misma medida en que se reconoce el alcance y valor de la reflexión filosófica para el arte y la cultura en general. Muy a pesar de que la mayor parte de las veces, esto resulta ocultado por el hecho de que la casi totalidad de los expertos despliegan sus análisis sobre la base de los supuestos que sustentan el viejo mito de la identificación de lo estético y lo artístico, y que se piense todavía en consecuencia con el paradigma estético del arte, el mismo que fundó una visión elitista de la cultura. Paradigma en el que se nos educó y que portamos como una segunda piel. El mismo que confinó los alcances de la Estética a los de una Filosofía del Arte, cuya imposibilidad de dar respuesta a los giros y complejidades del propio arte, y de su relación indisoluble con el mundo de la vida, resulta evidente hace ya algún tiempo. De ahí que Stefan Morawski (9) y sus seguidores terminaran por proponer un tránsito de la Estética a la "Filosofía de la Cultura". Habría que ver qué se entiende por cultura, o si es que la Estética no se ocupó desde siempre de prácticas que desbordan el universo del arte.
    Las nuevas lógicas comunicativas que genera la etapa actual del capitalismo obligan a la teoría a un enfrentamiento de posiciones, al debate y en consecuencia a renovarse. Pero las teorías no tienden a variar por sí mismas ni a transformar sus modelos explicativos. Igual, el modelo o sistema anterior deja sentir siempre sus influencias en nuestros modos de explicación, comprensión y "configuración" del mundo. En este sentido, Umberto Eco devela y enfrenta un error metodológico bastante recurrente en la teoría estética tradicional: "(...) en vez de partir de una definición contemporánea (...) e ir a verificar si en una época pasada tal definición era satisfecha (lo que ha dado lugar a pésimas historias), mejor partir de una definición lo más sincrética posible y tolerante posible, y luego ver que se encuentra." (10). Con esto alerta sobre la necesidad de tender más a la "lectura" presente y a la "relectura" asimiladora de "lo pasado" desde "lo presente" y viceversa; y esto sin intenciones de imponer nuestros propios esquemas e interpretaciones. 
    Es así, el interés de Eco se desplaza progresivamente desde una crítica a las ontologías del hecho artístico hacia una posibilidad de definición del arte a partir de sus condiciones de fruición, comunicabilidad y, sobre todo, interpretatividad. Elabora un discurso crítico sobre todas aquellas reducciones ontológico-metafísicas de la esfera del arte que remiten su definición hacia una zona teórica de lo inconmensurable, buscando encontrar el camino a una definición en las condiciones actuales. No pasa, sin embargo, en el fondo, de ser una crítica y una proposición de lectura de la obra de arte (estética de la recepción) frente a los esencialismos metafísicos radicales en esta dirección. Para ello recurre a lo largo de su análisis a las prácticas artísticas -dentro de las prácticas estéticas contemporáneas- y a las nuevas modalidades que asumen estas poéticas. Así, sus aportaciones devienen punto de partida indispensable a la construcción de la presente propuesta teórica que resulta de analizar de manera integral los procesos, poniendo el énfasis en los modos de actuar que tienen estas prácticas inmersas en toda suerte de prácticas culturales en las lógicas comunicativas de la sociedad actual. Se trata de asumir que el modo de estar y de ser éstas deviene siempre de un acto, con presencia actual y capacidad de actualización. Acto en el que se funden y dialogan todos y cada uno de los elementos estructuradores: artista, obra, público.
    Ahora, la disolución del arte en el mundo de la vida -por más que nos esforcemos en argumentar lo contrario- dejó sin dudas de ser una conquista del arte para ser una victoria del poder del capital. "Existe, pues, esta razón obvia para ese curso de los acontecimientos: el término inglés  "art" no solamente ha hegemonizado las significaciones del  "arte" en otros marcos culturales y lingüísticos, sino que las artes visuales, a las cuales se refiere principalmente el vocablo inglés  "art", se han apropiado de los reinos más amplios de los productos y las creaciones artísticos, sean estos de naturaleza artística,  musical, literaria o similar." (11). Fenómeno este del que no es posible escapar si no se coloca en el foco de atención de la teoría y se construyen los emplazamientos conceptuales indispensables a la hora de trazar estrategias de desarrollo cultural y social para nuestros enclaves.
    Resulta interesante toparse sistemáticamente como, a pesar de que se conozca y se hable de las resonancias culturales que para todos tiene nuestra constitución colonial, buena parte del pensar teórico, en nuestros predios, aún conserva fuertes reminiscencias de la visión euro-céntrica moderna, en relación con la producción artística, y la cultura en general. Son muchos los que asumen, consciente o inconscientemente, y de manera acrítica la producción intelectual generada desde los centros. Por suerte no somos pocos los que tenemos en vena esa perspectiva electiva propia de una tradición de pensamiento y producción intelectual que le es propia a la cultura cubana. Tal certeza está latente en este intento por reflexionar el asunto de las prácticas artísticas -en tanto prácticas culturales- en la era del auge de los medios masivos de comunicación: cine, radio, televisión, servicios de  internet..., desde este enclave. El discurso que se propone ha sido construido en virtud de todo un proceso de indagación, investigación y ha atendido cuidadosamente nuestras referencias contextuales. 
    Entonces, sí de lo que se trata es de ubicar el lugar de las prácticas artísticas en "...  un horizonte de disolución que significa un profundo desplazamiento, una autentica mutación, en la que se juega una desjerarquización radical del campo, una homologación de la topología del territorio en el que se despliegan las prácticas culturales y productoras de significado, las simbólicas y productoras de imaginario colectivo, todas las de representación ..." (12) sería oportuno preguntarse: qué espacio de inscripción asignarle a las prácticas artísticas en un universo trasfronterizo, de signos y símbolos difusos, que ha desplazado todo límite, desautorizado las morfologías establecidas y desjerarquizado el espacio "autónomo" que le fuera asignado en la tradición?  Sucede que con mucha frecuencia la solución se propone a partir de la asunción de los términos: mundo del arte, campo artístico, prácticas simbólicas. Se alerta que por ese camino se corre el riesgo, centrados en un espacio y contexto, de limitar el alcance tanto de las prácticas culturales o simbólicas como de las praxis del arte. Significaría asumir que la industria cultural,  las prácticas que esta genera a fin de producir subjetividad, sujeción...con fines de ocio y consumo y  las propiamente artísticas pudieran pensarse en tanto espacios "autónomos". 
    Sin dudas, son los enfoques filosóficos y políticos los que permiten aislar desde una perspectiva particular y atendiendo a la época, contexto y circunstancias -sin desconectarlas del resto- los rasgos o cualidades que es posible encontrar en todas estas. Al atender la evolución de las prácticas culturales, dentro de estas a las artísticas, desde las últimas décadas del pasado siglo, es posible afirmar que se asiste a uno de los sucesos más rico, multidiverso y prolífero de toda la historia de la humanidad. De la necesidad de construir un discurso contra hegemónico resultó un primer enclave conceptual, un emplazamiento teórico- metodológico, la noción visibilidad epistemológica (13); esta facilitó el camino a la construcción de otro: actualidad (14), y desde ahí se pudo atender y hacer visible cuál es la situación y el lugar del arte y sus prácticas, cuáles son sus posibilidades de sobrevivencia dentro de la diversidad de prácticas simbólicas que se generan a partir de la lógicas comunicativas de la sociedad actual. La invitación es a pensar tales procesos auxiliados de dichos emplazamientos, que fueron construidos con la intención de aportar a la teoría estética cubana, y ofrecer instrumentos teóricos y metodológicos efectivos a investigadores y especialistas.
     
NOTAS AL PIE:     
1 Doctora en Ciencias Filosóficas. Profesora Titular de la Universidad de las Artes de Cuba_ ISA. Especialista en Estética y Arte. Investigadora auxiliar del Instituto de Filosofía de Cuba. Email: norma.medero@gmail.com; norma.medero@isa.cult.cu 
2 Conferencia pronunciada en el Congreso FELAFAC. Palacio de Convenciones, La Habana, Cuba, 2009
3 Aspecto este manejado por Fredric Jamenson, Alex Erjavec, entre otros, y desarrollado dentro de esta investigación por la doctora Alicia Pino
4 Así denomina el filósofo y teórico del arte Arturh Danto a los circuitos del arte: galerías, academias, museos, eventos...
5 Término que se introduce a partir de los trabajos del sociólogo Piere Bordieu
6 Perspectiva que se despliega en la tesis en opción al grado científico de doctora en Ciencias Filosóficas: La estetización del mundo actual, problemas epistemológicos, de la Dra. Mayra Sánchez, y que le permitió construir el término visibilidad epistemológica. Versión en pdf, pág. 7.
7 Arthur C. Danto, "El arte ahora es más intelectual que sensual", p. 3. Esto supera la perspectiva con la que ha sido identificado el filoósofo. El problema está en que su conferencia "The Artworld", gracias a la pericia e interpretación de los filósofos Richard Sclafani y George Dickie, fue declarada como la base teórica de lo que se ha dado en llamar Teoría Institucional del Arte.
8 Su intención es defender el espacio y los circuitos de legitimación del arte al tiempo de cambiar la perspectiva en relación con la idea de arte.
9 Esteta polaco, cuya obra aporta criterios de estimable valor a este análisis.
10 En su trabajo: "La Definición del arte". (en): Compilación de J. O. Suárez Tajonera. Textos Escogidos. Estética. Tomo I. Editorial Pueblo y Educación. Ciudad de la Habana, 1991 
11 Erjavec, Ale. El "fin del arte" y otros mitos postmodernistas. Obtenido desde http://www.miradas.eictv.co.cu/content.php?id?id_articulo=265. pág. 2 
12 José Luis Brea. (2004): El tercer Umbral. Estatuto de las prácticas artísticas en la era del capitalismo cultural. CendeaC. Bajado de http:// www.joseluisbrea.net  
13 Aportado por la Dra. Mayra Sánchez en su tesis en opción al grado de doctora en ciencias filosóficas
14 Aportado por la Dra. N. Norma Medero Hernández en su tesis en opción al grado de doctora en ciencias filosóficas
 
 
 


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