Mostrar Artículo.

Título: Balance teórico crítico de la Estética como saber en el paradigma del saber actual.

Escrito por: Dra. Mayra Sánchez Medina (1)

   Como bien señala Umberto Eco, al saber estético se le reconoce como "... cualquier discurso que, con algún intento sistemático y poniendo en juego conceptos filosóficos, se ocupe de fenómenos que atañen a la belleza, al arte y a las condiciones de producción y apreciación de la obra artística; a las relaciones entre arte y otras actividades, y entre el arte y la moral; a la función del artista; a las nociones de lo agradable, de ornamental, de estilo; a los juicios de gusto así como a la crítica de estos juicios y a las teorías y las prácticas de interpretación de textos, verbales o no..." (2).
   Este fragmento nos señala como una de las tareas prioritarias de  la estética como saber, es la pesquisa genealógica de los conceptos con que en la actualidad pensamos el arte y la cultura; conceptos y nociones que se amalgaman sin mucha precisión en los discursos de críticos, estetas y estudiosos.  
   Siguiendo este recurso orientador, pueden identificarse oscilaciones importantes en determinadas nociones que frecuentemente se presentan como transhistóricas y universales, cuando resultan de la imposición epistémica desde posiciones de poder. Una relectura de la Historia nos permitirá entender nuestro presente: heredero de aquellos mitos y prejuicios; con sus veladas imposiciones, sus ausencias y también, con algunas indudables  ganancias.
   Veamos cómo se presenta tal movilidad en el análisis de los ámbitos principales de atención de  la Estética como saber desde su ya distante origen en el siglo XVIII. Nos detendremos en los dos fundamentales: Primero, el territorio del gusto, presidido por la belleza y después, el del Arte, potenciado sobremanera en los últimos siglos. Entender el lugar que tales temas en la tradición estética, nos permitirá enfocar la mirada para penetrar el presente.
   Respecto al primero, se trata del terreno de los juicios y valores humanos correspondientes a la capacidad del gusto, a la belleza y otros  juicios de orden semejante, que fueran distinguidos de los juicios lógicos por la dificultad y confusión de su contenido para ser racionalizado, atrapado conceptualmente. En tanto, la Estética, como campo del saber, es etiquetado  en su origen como la ciencia del conocimiento sensitivo y, por tanto,  una  gnoseología inferior destinada a estudiar aquello que escapaba al imperio de la lógica con sus "juicios claros y distintos". Desde tal concepción, que por cierto, aún nos acompaña, este ámbito encierra no pocos mitos y contrasentidos.
   En una época signada por el racionalismo, la comprensión de lo estético presidida por el juicio de lo bello que place universalmente, de forma desinteresada y sin concepto (3), fue un logro indiscutible de la Filosofía Alemana, que, al mismo tiempo,  introduce una distancia de los problemas mundanos, a los que miró de forma abstracta  desde rígidos patrones axiológicos. Si bien estuvo muy claro desde Kant que de gustibus non est disputandum (sobre gustos no es posible discutir), y sí sobre  las condiciones esenciales para la posibilidad del ejercicio estético, cuando los estetas modernos intentaban atrapar conceptualmente el milagro de la belleza o la sublimidad lo hacían desde la idealización de las  relaciones humanas,  y, tal como lo exigiría el imperativo racionalista de la época, buscaron afanosamente elementos conceptuales que permitieran la universalización. Para Kant el sentimiento, para Hegel la libertad, para Schiller el impulso del juego...
   Lo que resulta sorprendente es comprender que detrás de esas relaciones supuestamente abstractas en torno a las cuales se construía el edifico del pensamiento socio filosófico moderno, se encontraba, rutilante, nada menos que el modelo de hombre europeo, devenido paradigma del buen gusto, cultor de la exquisita perfección y excelsa capacidad creativa. Gracias a relaciones jerárquicas construidas históricamente sus formas de gustar se convierten en modélicas y "universales" desde una sospechosa tendenciosidad  identificada por la   sustancial tesis de Edgardo Lander sobre la colonialidad de los saberes sociales modernos (4).   
   Es por ello que resulta insuficiente para los estudios actuales aquel enfoque analítico con que la Estética Moderna presentó su universo valorativo a partir de una constitución dual, lineal y abstracta. Luego de un recorrido sinuoso por las mentes de Occidente, la visión arquetípica que instaura la filosofía antigua, da sus frutos en una constitución jerarquizada de gustos y preferencias.   Esta comunión primigenia  de la belleza con la verdad y el bien; la capacidad normativa y canónica que adquiere gracias a ello respecto al pensamiento y la cultura occidental, unido a la fuerza que conquista desde el estatuto privilegiado que le otorgara el Arte, con su halo de idealización y "elevada espiritualidad",  ha conducido a la supremacía del valor belleza dentro de la estética como saber y fuera de ella. El pasado ilustre de la Estética parece acompañarle como una exquisita maldición, al punto que los juicios estéticos, tienden a ser pensados en positivo,  desde la corrección y correspondencia. Es así que tal positividad se concibe como consustancial a lo estético:  desde entonces y aún hoy, a nivel de sentido común, lo bello es lo estético.  
   Esta noción sectaria de la que se nutrió toda la primera filosofía moderna, se afianza en  un "encerramiento" de lo estético, que descalifica y de alguna forma, excluye, a los juicios que se ubican en el lado negativo de la valoración -lo feo, lo bajo, lo vulgar,- al punto que llegan a ser considerados como "antiestéticos"; cuando, ciertamente, constituyen gradaciones o matices estimativos, sensibles, relacionales que conforman momentos necesarios de toda valoración del mundo. Detrás de este aparente "desliz axiológico" de los primeros estetas  se pueden hallar algunas claves necesarias para orientar nuestro presente.  
   El otro ámbito consagrado de lo estético es el Arte, del cual se constituye progresivamente en vocero y normativa.  No se trata sólo de un discurso acompañante, presto a describir y registrar. Nuestro saber va a funcionar, junto a la Historia y a la Crítica del Arte, como su discurso legitimante, normativo  y sacralizador.  
   Es importante considerar  la coincidencia histórica respecto a la cristalización de la modernidad y el proceso de autonomía del arte, iniciado desde el Renacimiento en la cultura occidental. Podría decirse, que en la conjugación de ambos acontecimientos, radica la necesidad y posibilidad histórica del nacimiento de la Estética como saber. Por una parte, el floreciente capitalismo, con sus cambios estructurales en la distribución de la riqueza, su discurso de la libertad y la emancipación, su culto al hombre autónomo, haría posible la reflexión sobre el hombre y sus atributos; se consideró que este era un terreno propicio a la realización de los aires de libertad que se proclamaban desde aquellas posturas liberales que predominaban entre los ilustrados,
   La "libre elección", frase dilecta de los enciclopedistas, sólo era efectivamente posible en el terreno de los gustos y las preferencias artísticas. Esto posibilitó la visibilidad y desarrollo de esta esfera y su lugar dentro del pensamiento de la época. Por otra parte, la especialización de la esfera artística en valores y relaciones designados como estéticos, movería a buena parte de los pensadores de la época a pronunciarse al respecto, dando fe de los cambios epocales que se estaban viviendo.   
   Se construye así lo que he llamado "paradigma artístico de lo estético" (5), dentro del que lo artístico va a demandar la máxima atención dentro del sistema conceptual. Como concepto y como universo, el Arte es encumbrado por un discurso teórico que le atribuye:
   1. La hegemonía simbólica: Se le ubica en la cúspide de la jerarquía estética como instancia suprema de la creatividad, el sumun de la perfección y  de la belleza, estableciendo una distancia de la vida real y los problemas mundanos. El Arte  va a ocupar un lugar elevado, es lo alto, culturalmente hablando.   
   2. Misión redentora y exonerante. Para Schiller,  es el domingo de la humanidad; para Hegel, la expresión sensible de la Idea, conformador del Espíritu absoluto; para Nietzsche  "...temblor de la tierra con que se descarga al fin un poder primario de la vida acumulada desde antiguo..." (6). Para Marx, la más alta instancia de la creatividad en el dominio humano del mundo. Al Arte  se le asigna una función de  recuperación social, de liberación y crecimiento.
   La condición puritana del Arte en la primera modernidad redunda en su condición de hegemonía y preserva un espacio aséptico y moralizante marcado por la trascendentalidad (7). Lo mundano, vulgar y ordinario quedan fuera de su espacio sagrado.
   Este dominio recién visibilizado a escala social va a tener como tarea la producción de una belleza generadora del placer, del goce para ojos y oídos. Se instala la representación formal como recurso y finalidad artística.  Desde el Renacimiento, primera fase de construcción de la autonomía en que surgen los primeros tratados sobre arte - fase de autotelia del Arte- , hasta el tormentoso siglo XIX, se produce  la evolución de la mimesis como tarea artística privilegiada. Esta se enrumbaría desde una visión inicial del arte como espejo, poco diferenciado del conocimiento, al mito del  arte como creación del genio, asociada al mito del artista, que ya vislumbra su decadencia.   
   La Estética jugó su papel en aquel tránsito y cualifico transhistóricamente modos y relaciones que solo eran propios de tal momento de auge del Arte en la consolidación del capitalismo. Por ejemplo, etiquetó como universal la llamada  "finalidad formal"  del juicio estético, o, lo que es lo mismo, la ausencia de finalidad utilitaria o práctica en el juicio del gusto. Este concepto kantiano, se asocia a la separación forma-función  tan afín a la mentalidad mercantil y a la vida ociosa de las clases adineradas del naciente capitalismo industrial, y desde entonces se considerará como consustancial a lo artístico, ignorando otros modos y relaciones. Aunque  no es justo atribuir al filósofo de Königsber, la contracción epistemológica de la estética a la que estamos haciendo referencia, ya que su obra fue más antropología trascendental que filosofía del arte, al introducir la belleza libre en el arte, separa los artefactos artísticos, creados por el artista genio, del resto de las creaciones humanas, creando la plataforma teórica básica para el elitismo conceptual de la Estética que desarrollan los románticos dando lugar a la teoría  especulativa del Arte.  En esta teoría "...el discurso filosófico se apodera... de las artes, tanto en lo que se refiere a su función como a su contenido. En ese sentido la sacralización del Arte  y la génesis de una teoría especulativa del Arte son indisociables.... Esto explica sin duda porqué la tradición filosófica alemana, nacida de la tradición romántica, siempre se cree obligada a desarrollar también una teoría del Arte y a reservarle un lugar estratégico en la construcción metafísica global. Arte ontológico y metafísica del arte se condicionan recíprocamente..." (8).  
   A diferencia de Kant, ellos prefirieron al arte como creador de una belleza artificial y superior, ya que "siendo Dios  espíritu, se deja traducir mejor por el espíritu". El Arte se constituye en recurso epistemológico en la configuración sistemática de la filosofía, consumándose el gesto sobreprotector del pensamiento alemán sobre lo artístico. Al calor de este criterio afirmaría Hegel: "...Nos daremos por satisfechos con el nombre de Estética... no obstante, el término apropiado para nuestra ciencia es el de filosofía del arte..." (9).
   Aunque la Historia puede ser muy atractiva para los estudiosos, el ademán de reconstruir este suceso reviste para nosotros una significación más productiva aún. Al considerar la reducción epistemológica de la estética en el Arte, y sobre todo, en aquella noción de Arte, se explica por qué determinadas actividades humanas y relaciones quedaron fuera de su atención, demasiado comprometida con una época y un hacer establecidos. Al reconsiderar esta noción y la naturaleza del concepto de Arte heredero del  pensamiento alemán a partir de los románticos, salta a la vista su tendenciosidad excluyente y normativa. Este concepto, con el que, lamentablemente, aún seguimos operando no sólo a nivel cotidiano, se presenta a sí mismo desde una validez  supuestamente universal, que dista mucho de poseer. "... las definiciones de esencia que la teoría especulativa propone, son siempre en realidad proposiciones valorativas ocultas: en vez de describir las artes, la teoría especulativa construye un ideal artístico..." (10). Ciertamente, "... el termino arte no nos remite  a un objeto descriptivo: es el correlato de un ideal evaluativo..." (11), su extensión se restringe al Arte autónomo europeo, devenido punto de llegada en la narrativa universal al que deben "ascender" el resto de los pueblos y culturas.  
   Por cerca de dos siglos las prácticas culturales de los pueblos y grupos sociales no hegemónicos; los procesos del arte industrial, la artesanía popular, los estilos de vida ordinaria; el diseño de útiles y espacios cotidianos,..., permanecieron ignorados por un corpus teórico que convirtió a la abstracción y al elitismo en instrumentos metodológicos.  Desde estas coordenadas se dejó a los "otros" la condición de productores de artesanía, exotismo y extrañeza. A ellos se les impuso también una estructura jerarquizada de valores en la que sus coloridas maneras, sus exuberantes tonalidades, sus trazos y sinuosidades cargaron con el sesgo de lo excesivo, pintoresco, arcaico... y más recientemente, kistch; mientras,  por el contrario, se permitió a las elites elegidas de los países centrales de Occidente, encumbrar socialmente sus criterios estimativos, ajustados a su propia norma devenida universal. Cuando asumimos el matiz valorativo de estos conceptos, fuentes de la restricción del campo del pensamiento estético, nos es posible distinguir desde otra perspectiva su lugar en el mundo actual. Al ser entendidos como expresiones del ideal artístico de una época que convierte la exclusión en un recurso metodológico, se iluminan zonas del acontecer actual donde conviven y circulan indistintamente, junto a nociones más abiertas y emergentes.  
   Al mismo tiempo, es preciso comprender que la historicidad del Arte no es solo cosa del pasado. Considerarlo como un hecho histórico cuya variabilidad se expresa en la movilidad de su lugar en el espacio social y en las cambiantes funciones que asume  - y, es válido suponer, seguirá asumiendo en el futuro- implica a su vez, ponerlo entre signos de interrogación que no sólo dependen de las políticas culturales y las intenciones puntuales de gestores y promotores culturales. Hoy el cambio de lugar  de lo artístico se asocia a su incrustación en el remolino de las prácticas simbólicas de nuestro mundo estetizado. Según José Luís Brea  se ha producido "...una importante pérdida de la hegemonía de lo artístico - en cuanto a su arrogamiento de un "más alto" potencial de simbolicidad en sus ejercicios de representación..." (12) y este es un proceso que habría que atender perspectivamente.  
   En nuestros días,  ha dejado de ser predominante aquella  función modélica del Arte que lograra consagrar el mundo moderno europeo tras la reconversión de sus funciones tradicionales de culto,  en tanto, otras formas de investir identidad, socialidad, reconocimiento, se proyectan desde las industrias del ocio y del entretenimiento, desde prácticas culturales otrora marginales, que remiten a paradigmas simbólicos y antropológicos de otra naturaleza. Justamente, el reto que tienen ante sí las prácticas artísticas es el de no dejarse  arrinconar por las industrias de la subjetividad y afianzarse como fuentes de creación alternativa de nuevos imaginarios sociales y  de crítica a la banalidad y superficialidad que se genera a instancia comercial. Por lo pronto, la cultura popular, la televisión, la moda, la publicidad y la propaganda comercial, resultan omnipresentes en la vida cotidiana; con mucho- y lamentablemente- el arte es una más dentro de estas innumerables propuestas, y para nada genera normas o modelos paradigmáticos de amplio alcance (13).
   Esto no desestima a la  Estética como saber pertinente.  Todo lo contrario. Ella debe atender las problemáticas del hombre actual como "sujeto estético", - no  por artista o espectador; sí por consumidor estetizado-  en tanto sus necesidades y relaciones están siendo "intensificadas" estéticamente desde el mercado: las dimensiones, formas,  intensidades de los objetos que le rodean intervienen en sus decisiones; despliega hábitos, costumbres,  y formas de vida en los que está presente el ejercicio, la saturación  y explosión de determinados recursos, efectos, medios y relaciones susceptibles de ser consideradas como estéticos. Esto tiene connotaciones complejas en tanto el gusto se entrelaza hoy con la existencia cotidiana de manera mucho mayor que antes, mostrando el componente estético de la vida social.
   Lo estético existe también fuera de los espacios  artísticos; en la vida cotidiana, en el  hombre común, que ha sido despojado por la teoría, demasiado ocupada por perseguir a la originalidad y el virtuosismo exclusivo. Participa de la relación del hombre con su entorno, en el acontecer político, en las relaciones privadas...Es de presumir que ha existido siempre, pero es hoy, cuando esa vida, atravesada por la lógica de mercado, está haciendo visible a  la teoría su naturaleza estética: "lo que preside...la circulación social actual de los objetos, bienes y relaciones, no es ya el valor de uso que podamos asociarle ni aún el valor de cambio sino, y por encima de todo, su valor estético, la promesa que contiene de una vida más intensa, más interiormente rica..." (14). Acercar nuestra reflexión hacia esta condición de nuestra época, nos pone frente al fenómeno de la  estetización, bajo cuyo influjo, el saber estético se incorpora por derecho propio al debate contemporáneo, dejando atrás reducciones y encerramientos obsoletos. La sociedad toda, recorrida por relaciones estéticas se nos hace visible como  el legítimo y necesario ámbito  de la Estética actual.
 
NOTAS AL PIE:
1 Doctora en Ciencias Filosóficas. Profesora Titular de la Universidad de las Artes de Cuba_ ISA. Especialista en Estética y Arte. Investigadora auxiliar del Instituto de Filosofía de Cuba. Email: maysanmed@isa.cult.cu  
2 Umberto Eco. Arte y belleza en la estética medieval. Lumen ,España, 1999, PÁG.9
3 Kant, E. Crítica del Juicio. La Habana: Instituto cubano del libro, 1960.pág.128
4 Ver: Lander, Edgardo. La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. CLACSO, 2005
5 Ver de la autora. La estetización difusa o la difusa estetización del mundo actual. En Estética. Enfoques actuales. Editorial: Félix Varela, Ciudad de la Habana, 2005.
6 Nietzsche, F. La Gaya ciencia, Edad,  Madrid, 2002 p. 70
7 El arte puede ser entendido desde  tres rasgos: "1.- La dignidad estética de los temas u objetos a los que se aplicaba el arte, 2. - La categoría humanista de las facultades ejercidas en, o suscitadas por el arte; 3. - El valor "trascendental" (subjetivo, ontológico, práctico, etc.) de las experiencias formales en las que residía, a la vez, su sentido y justificación" De Ventos, Xavier. La estética y sus herejías. Editorial Anagrama. Barcelona, 1980. Pág. 29
8 Ver: Jean Marie Shaeffer. El arte de la Edad Moderna. La Estética y la filosofía del arte desde el siglo XVIII hasta nuestros días. Trad. Sandra Caula. Monte Ávila Editores Latinoamericana. Venezuela, 1993, pág. 90
9 Hegel, F.  Lecciones sobre estética, Editorial Akal S. A., 2007, pág. 89.
10 El subrayado es de la autora de este texto. Jean Marie Shaeffer. O.C.,  pág. 53
11 Jean Marie Shaeffer. O.C., pág.  453
12 Ver: Brea, José Luis. El Tercer Umbral. Estatutos de las prácticas artísticas en la era del capitalismo cultural. Pág. 19. www.eltercerumbal.net/   
13 Brea, José Luis.  O. C. Pág. 120-130
14 Brea, José Luís. El tercer Umbral.  Estatuto de las prácticas artísticas en la era del capitalismo cultural. Pág. 19. www.eltercerumbal.net/  PÁG. 128
 


Comentarios.


Dejar un comentario.

Para dejar un comentario debe ser usuario del sitio, y haber entrado a su cuenta.