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Título: Actualidad. Pensar las prácticas artísticas y culturales en el contexto actual.

Escrito por: Dra. N. Norma Medero Hernández (1)

Comúnmente el término actualidad refiere a la existencia de algo en el momento presente, en un cierto sentido cronológico o temporal; se trata del aquí y ahora de los procesos y fenómenos. Pero a esto, además, comúnmente se le entiende como lo actual, el hoy, lo presente. En el caso que nos ocupa lo actual no resulta solamente contentivo de un sentido espacio-temporal sino de la posibilidad que nos ofrecen algunos enclaves para buscar en la genealogía de las nociones que explican el fenómeno objeto de indagación. Se trata de un intento por explicar las razones que sustentan -a partir de los cambios operados en su decursar- la visibilidad que hoy logran las prácticas culturales y dentro de estas las artísticas.
    Resulta necesario dilucidar el contenido de actualidad en el sentido en que se ha construido, en tanto posibilidad de ofrecer un punto de mira, un desde dónde y hacía dónde, capaz de funcionar como texto en diálogo con prácticas y enclaves, para explicar los signos estético-culturales de la sociedad desde los umbrales del presente milenio. Se trata de un concepto complejo en el que se simultanean varios sentidos. Es contentivo de toda una tradición pensamiento y también de nociones de la más novísima textura, como son novedad, intertextualidad, performatividad...  
    La génesis de esta semantización se puede encontrar en el pensamiento Aristotélico. En ese caso el acto refiere a lo que es en el momento presente, al tiempo de potenciar a lo que puede ser. Actualidad puede indicar, además, a lo que en el hoy conserva como válidos ciertos rasgos distintivos del ayer, aunque, en este sentido de lo que se habla es de vigencia. En tanto aquello que mantiene sus cualidades en el presente... Según Aristóteles: "no todas las cosas se dice que están en acto del mismo modo, sino de modo análogo: como esto se da en esto otro, o en relación con esto otro, así se da aquello en aquello otro, o en relación con aquello otro. En efecto, unas son acto como el movimiento en relación con la potencia, otras cosas lo son, a su vez, deduce, como la entidad en relación con cierto tipo de materia." (2). Se deduce que la teoría en su desarrollo en relación con una idea de lo vigente, de algún modo, sigue el camino trazado por el filósofo, aún cuando este no hace alusión al término.  
    La vigencia es entendida como eficacia o utilidad y puede abarcar una acción, un hecho o un pensamiento en el ahora. Sin embargo, "...las constataciones históricas no conciernen solamente a las coordenadas espacio-temporales (sucesión o contigüidad)..." (3). Si bien se trata de algo que tiene presencia actual, pese a su existencia anterior, y que conserva ciertos rasgos de aquella, al mismo tiempo, y en algún momento del devenir socio-cultural, aparece de forma diferenciada. Este otro sentido, que marca la capacidad de aparecer, el instante de primicia,  se establece con la modernidad y refiere a la noción de novedad.  
    Si algún término se magnifica entre los modernos es el de lo nuevo. Habermas plantea que el  hechizo que los clásicos de la antigüedad mantenían sobre el espíritu de épocas posteriores fue disuelto por los ideales del Iluminismo francés y agrega: "la idea de ser "moderno" a través de una relación renovada con los clásicos, cambió a partir de la confianza, inspirada en la ciencia, en un progreso infinito del conocimiento y un infinito mejoramiento social y moral. Surgió así una nueva forma de la conciencia moderna (...). Desde entonces, la marca distintiva de lo moderno es "lo nuevo", que es superado y condenado a la obsolescencia por la novedad del estilo que le sigue..." (4). Lo moderno no es remitido a un momento susceptible a congelarse temporalmente, su sustancia es relacional; será pues algo abstracto en virtud de su relación con lo que ha existido. Lo nuevo por su parte es inalcanzable atendiendo a su encanto, no se puede decir de lo que aún no existe y, sin embargo, tiene que luchar contra el ultraje de lo siempre igual. Es ésta la razón por la que los criptogramas de lo moderno en Baudelaire identifican lo nuevo con lo desconocido, tanto con el télos oculto como con lo horripilante, lo brotado de la inconmensurabilidad de lo nuevo con lo siempre igual. Sin embargo, lo nuevo no es una noción puramente subjetiva, como podrían pensar algunos, sino que está impuesto por la cosa misma -en este caso de toda producción cultural y de la obra de arte- que no puede ya retornar a sí, más que por ese camino, libre de heteronomia. La fuerza de lo antiguo es la que empuja hacia lo nuevo porque necesita de ello para realizarse en cuanto antiguo. La razón es que lo antiguo, que tal producción y el arte conservan, anula la diferencia específica de lo nuevo, mientras que la reflexión, que ya no es inmediata, no es indiferente ante el ensamblaje de lo antiguo con lo nuevo. En la cumbre de lo nuevo es donde se refugia lo antiguo, en tanto ruptura y ocultamiento que no deja ver su continuidad (5).
    Es así que si en los albores de la modernidad estética, la perspectiva de la querelle se hizo eufórica y prefiguró la novedad como sentido hacia un futuro luminoso, de tal modo que el sentido de lo nuevo se enrola con la idea de progreso. Se instaura una transitoriedad como valor que impulsa el incesante camino de búsquedas del mundo moderno que genera un envejecimiento perpetuo de modos y estilos, asociándose a lo efímero y el azar. De este modo, en poco menos de un siglo, el carácter de lo nuevo se hace más complejo al mezclarse con signos de decadencia. La decadencia se hace moda. En este trance la nueva belleza moderna, tan inapropiada al gusto clásico, vaga errante, se introduce en la novedad arrastrando consigo a todos los valores asignados como tradicionales para la "producción simbólica", reducida esta al universo de las prácticas artísticas y asumidas a partir de la noción arte (6) establecido desde paradigma moderno.  
    La novedad radica entonces en reconocer una belleza que contiene la fealdad, la crueldad latente en el mundo de la vida, la existencia de una periferia socio-cultural. En ello reside, desde ya, la nueva belleza moderna: en el heroísmo de la vida cotidiana. Expresión de una mirada más profunda del hombre hacia el hombre mismo, a su subjetividad. "Quien quiera ver claro en la historia - diría Baudelaire- debe apagar ante todo tan pérfido final. Esta idea grotesca, que ha florecido en el terreno putrefacto de la fatuidad moderna, descarga a cada uno de su deber, libera a toda alma de su responsabilidad, desata la voluntad de todos los lazos que le imponía el amor a lo bello, y si esa desoladora locura dura largo tiempo, las razas, empequeñecidas, se adormecerán sobre la almohada de la fatalidad con el caduco sueño de la decrepitud. Semejante infatuación es el diagnóstico de una decadencia ya demasiado visible (7).
    En esta ruta, las vanguardias llegarían con la propuesta de un cambio sobre la imagen que del mundo se había construido. Lo nuevo tiene que ver con el hecho de que cada cual, desde su perfil, propone una concepción, un anhelo, un programa...; y se afilian, de ese modo, también, en una carrera hacia lo desconocido. Adorno lo define como la ruptura con la tradición: "la categoría de lo nuevo es el resultado del proceso histórico que disolvió primeramente la tradición especifica y después cualquier clase de tradición." (8). Peter Bürger, sin embargo, analizando este mismo hecho, no ve en la novedad una categoría que alcance a explicar la importancia arte vanguardista, pues para este "pierde todo valor cuando se descubre que los movimientos históricos de vanguardia no sólo pretenden romper con los sistemas de reproducción heredados, sino que aspiran a la superación de la institución en general." (9). En efecto, si el arte de vanguardia se presentase como "lo nuevo" y nada más, no tendría el alcance que se le ha otorgado.
    Theodor Adorno encerrado en su concepción purista del arte y en su crítica apocalíptica a la industria cultural, señala: "la brutalidad de lo nuevo para la que ya es usual el nombre de experimento, no procede de una actitud subjetiva ni de la estructura sicológica del artista, puesto que cuando al impulso artístico no se le ofrece nada seguro, ni en la forma ni en el contenido, los artistas que quieren producir algo se ven impulsados objetivamente a los experimentos (10). Evidentemente, Adorno, no alcanza a darse cuenta que la experimentación, igual, es un modo de enfrentar y asumir la creación artística en cualquier época, y que lo seguro para el artista son sus percepciones; el despliegue de su capacidad estimativa. Desde ahí es que logra la puesta en obra de su mirada del mundo y, generalmente, luego es que su propuesta resulta asumida por los circuitos de legitimación.
    La sociedad actual ha visibilizado que el experimento puede implicar una modalidad desde la que el artista crea, se coloca y enfrenta el reto de ser o no ser ante el avance incontenible de los medios masivos de comunicación. Tal como se puede apreciar por doquier,  por un lado el artista trata de afianzar el arte en tanto propuesta para impactar los nuevos imaginarios sociales en tanto espacio crítico y liberador, mientras que por otro, inevitablemente, este es diluido en toda suerte de producción simbólica con fines de ocio y consumo. La maquinaria capitalista da una nueva vuelta a la rosca al incorporar el arte a esa otra maquinaria de la producción simbólica y con esto garantiza su eficacia en la cultura del consumo.
    No obstante, si el fundamento de lo moderno es la novedad, esta, al mismo tiempo, será la que asuma un carácter normativo. Como vemos, por mucho tiempo, la noción de novedad estuvo presidiendo los análisis estéticos. Sería así hasta que la propia irreverencia e iconoclasia vanguardista cargó con lo nuevo al poner en crisis la originalidad y valorizar la copia, el remake, el retro, el pastiche... A esto el filósofo Jean Francois Lyotard  da una respuesta  donde argumenta a favor de que una obra de arte lo que tiene de especial es que funciona como "acontecimiento".  Significa que la obra, lo es, que sigue existiendo cuando no ha sido aún asimilada en el repositorio de la herencia cultural y artística. Sería precisamente Lyotar el que nos ilumina el camino de las búsquedas con su respuesta al problema del desbordamiento de todos los límites, también para la teoría, al reconocer y plantear la crisis de los metarrelatos.  
    Las poéticas de la vanguardia se presentan como modos de desjerarquización no sólo de las nociones tradicionales sino del campo, de todas las que fueran institucionalizadas, y aparecen como propuestas de autosuperación para el arte y la sociedad. Su herencia se conservó en las neo, las trans..., o como se decida llamar a las prácticas artísticas que hacen explotar a la estética tradicional y a los espacios establecidos al arte, a partir de la segunda mitad del pasado siglo. En el presente, junto a la objetualidad se encuentra el arte de acción, de indagación, de experimentación, que asume el desarrollo científico- técnico y se presenta como realidad relacional  e incluso virtual. En tales condiciones la objetualidad no puede ser razón suficiente para pensar el arte hoy, ni constituye el elemento definitorio para una conceptualización.
    Ahora bien, actualidad ha tenido otros contenidos semánticos. Se le llama actualidad desde el Medioevo al  "ser en acto lo que se es" (11).  Significa que lo que es tiene capacidad para actuar. En esta dirección, actualidad puede remitirnos a otra noción, una, entre otras, desde la que se ha intentado explicar el arte actual: la performatividad. Performatividad refiere acción, capacidad de actuación y es oportuno asumir performatividad desde Actualidad atendiendo a su manifestación en lo artístico y en lo cultura hoy.  
    Tal y como se hace visible aquí, y de acuerdo con la tradición filosófica, actualidad significa ser o existir como acto en lo real y esto puede vivir en tanto objeto, acontecimiento, acción... Lo puntual, en este caso, es que refiere al carácter de lo que es como acto, con presencia actual y poder de actualización en lo factual, lo intelectivo, lo virtual.... Visto así al tiempo que nos remite a la energeía  aristotélica se actualiza en el decurso genealógico de la propia noción. En ese camino aparece Xavier Zubiri (12) quien asume esta noción a fin de sustentar la actualización de la inteligencia. Este si bien separa lo real como acto intelectivo de lo real como existencia fáctica, centra su reflexión en lo intelectivo en tanto accionar de actualidad, aún cuando lo refiere como ente  -como algo físico-  se trata de una idea de lo fáctico, visto en la inteligencia sentiente, no de lo fáctico en tanto tal. Zubiri no escapa a la fragmentación y abstracción instaurada por el racionalismo occidental. No obstante, su  análisis resultó clave en el desarrollo de este trabajo, puesto que facilitó el camino para sustentar la noción Actualidad. En especial su intuición sobre la esencia de la inteligencia conformadora, constructora de realidad/actualidad, inherente a un sujeto "sentiente" y pensante, que remite a la expresión "sentipensante" de Paulo Freire.
    Actualidad, en el sentido en que se propone por la autora de este texto ofrece la posibilidad de pensar la praxis cultural en esa dinámica de lo inteligible y lo factual, de lo diferenciable en lo "indiferenciable" atendiendo a los efectos de una cultura visual expandida que nos asiste en el contexto actual. Así, se asume que en este campo todo lo que está es al menos acto, acto que en lo real (inteligible y/o factual) tiene presencia actual y poder de actuación, justo en el camino a la actualización. Ayuda a revelar el vínculo entre tradición e innovación, en tanto permite visibilizar lo que resulta aún efectivo dentro del relato tradicional sobre la cultura e incorpora los nuevos derroteros.  
    Actualidad apunta a captar ese tiempo-instante de cada acto, las acciones de su devenir y por lo tanto, igualmente, el espacio-movimiento de su realización. Se trata de asumir la diversidad, lo múltiple... y desde ahí intentar aproximarse a una "totalidad". Hacer visible el proceso de generación y realización de la producción cultural, desde un enclave: el hoy. Es una perspectiva lo suficientemente general y abierta que trata de aportar, justamente, eso: una coordenada epistemológica, una herramienta teórico- metodológica para ordenar y actualizar la mirada.   
    Actualidad (13) se toma en el caso que nos ocupa, entonces, con la intención de liberar al arte y a la cultura de conceptualizaciones universalizantes, en virtud de cualquier perspectiva homologante.  
    La intención se pone en hacer visible que las prácticas culturales, y dentro de estas las artísticas, resultan siempre de un acto- actuante.  Esto no solo desde lo factual sino -sobre todo- en lo conceptual, lo simbólico, y por supuesto que también en lo virtual, como ya se ha dicho, si se habla en relación con el contexto actual. Importante es aclarar que las posibilidades metodológicas que ofrece Actualidad no niegan la importancia y utilidad de las definiciones instrumentales en el proceso del conocimiento. Su construcción permitió asumir la certeza de un cambio epistemológico en relación con el Arte/arte/arts. Aporta un marco de reflexión general, un punto de mira, que -sin intención normativa alguna- centra su atención en los modos de configuración de las prácticas culturales: artísticas y/o simbólicas, en general, dentro de los nuevos contextos sociales. Se trata de un desde dónde, hacia dónde, un qué y por qué mirar, y es por eso que puede ser considerada una coordenada epistemológica.  
    Toda praxis y discurso artístico, se fusionan desde un acto contentivo de múltiples acciones que, en tanto red comunicativa, garantiza una presencia actual y posee, además, capacidad de actualización, como ya se ha dicho. Igual sucede en relación con el productor, lo producido y su consumo. Así, se atiende a una configuración dialéctica y dialógica, que permite superar toda suerte de miradas parciales o fragmentadas, las que se afilian a uno u otro polo: ya sea el de la definitud o el de la total apertura de referentes (14). Actualidad, entonces, se constituye en una herramienta teórico-metodológica para el análisis de los procesos culturales, enfáticamente en relación con la producción artística.  
    
NOTAS AL PIE:    
1 Doctora en Ciencias Filosóficas. Profesora Titular de la Universidad de las Artes de Cuba_ ISA. Especialista en Estética y Arte. Investigadora auxiliar del Instituto de Filosofía de Cuba. Email: norma.medero@gmail.com; norma.medero@isa.cult.cu  
2 En : Verneaux R. Textos de los grandes filósofos: edad antigua. Editoril Herder. Barcelona, 1982 pág. 58-59
3 En: S. Morawski. De la estética a la filosofía de la cultura. (selección y traducción del polaco de Desiderio Navarro) Centro Teórico-cultural Criterios. TEOR/ética arte + pensamiento. La Habana/ San José, C.R.,2006, pág. 151
4 En: J. Habermas. Modernidad: un proyecto incompleto. (en): Revista Punto de Vista No 21, agosto. Buenos Aires, 1998, pág. 2
5 En: Adorno, T. Teoría estética. Ediciones ORBIS, S.A. Barcelona, 1983, pág. 38
6 En: Baudelaire, Ch.  La Crítica de Arte. Editorial. Arte y Literatura. Ciudad de La Habana. Cuba, 1986, pág. 115
7 Ibidem, pág. 131
8 En: Adorno, T. Teoría estética. Ediciones ORBIS, S.A. Barcelona, 1983, pág. 39
9 En: P. Bürger,  Teoría de la Vanguardia. Editorial Península. Barcelona, 1974, pág. 120
10 En: T. Adorno.  Teoría estética. Ediciones ORBIS, S.A. Barcelona, 1983, pág. 391983: 39
11 En: X. Zubiri. Reflexiones Teológicas sobre la Eucaristía. Estudios Eclesiásticos, Vol.56, enero-junio, 1981, pág 49  
12 Filósofo y teólogo español. Los cursos zubirianos se han ido publicando en forma de libros después de la muerte del filósofo, acaecida en 1983, siendo la trilogía titulada Inteligencia sentiente uno de los más representativos por su originalidad e importancia en el ámbito de la Teoría del Conocimiento.
13 Se trata de la resignificación de la Actualidad como energía, noción que nos llega de la filosofía aristotélica.
14 Se trata de la mirada de Jamenson en relación con el giro hacia lo cultural que aflora conceptualmente dentro del debate modernidad- posmodernidad.  
 


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