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Título: El hecho urbano se transforma en concepto de ciudad.

Escrito por: Lic. Yeney Soledad León Cuesta (1)

   La ciudad es... ciudad imaginada, ciudad subjetiva, ciudad real, ciudad valor de uso, ciudad valor de cambio, ciudad comunicacional, ciudad transitada.
    "Lo urbano se presenta como el terreno esencial de la cultura moderna.  En  él se inscriben los sucesos más relevantes de la vida social en lo político, lo ideológico, en la moral y en la sensibilidad. Pero con el predominio de los medios de comunicación electrónicos, los movimientos migratorios en expansión y la formación de fuerzas sociales que gravitan sin sentido de lugar, el espacio urbano se ha hecho más complejo, abrigando las tradiciones sociales que lo generaron, junto a un nuevo tejido social plagado de cosmovisiones híbridas, flujo global y dislocaciones diversas." (2)
    Intentar una conceptualización de ciudad debe partir entonces desde los cambios socioculturales que se reflejan en ella, viendo como ha dejado de interpretar un papel meramente territorial para cobra vida y constituir un espacio de agitados fluidos, donde los ciudadanos se encuentran o se desencuentran.
    La ciudad comienza a ser entendida, percibida, usada de diferente manera, y tiene que ver con las transformaciones que sufre el ciudadano en su vida cotidiana y con esa nueva interpretación del mundo que ha traído nuestra moderna época posmoderna.
    De la relación entre los sujetos y la realidad urbana que los rodea emergen conceptos con nuevos significados: desurbanización, desterritorialización, despacialización, descentramiento.(3) Conceptos que ahora tienen que ver con: pertenencias, miedos urbanos, inseguridades, pérdidas de memoria y confianza, referentes culturales, reconocimientos, espacios, flujos e identidades.
    La ciudad se presenta como espacio fragmentado. El espacio público  constituye fuerte preocupación en los estudios culturales, quizás por el miedo a quedarnos solos, allí en la profundidad de nuestros hogares, mirando sólo de lejos.
    La ciudad también se traduce en los elementos universales y locales que conviven en ella. Se convierte en lugar de encuentros, de creación cultural. El espacio urbano es entendido como espacio cultural. Emerge un nuevo modo de habitar, también cultural.
    El hecho urbano se transforma en concepto de ciudad.
    La población urbana adopta diferentes estrategias y formas de vivir la ciudad de acuerdo con sus condiciones económicas y socio-culturales, cada habitante tiene formas de pensar e imaginar la ciudad, y adoptan prácticas territoriales particulares. Según García Canclini, la ciudad se concibe tanto como un lugar para vivir, como un espacio imaginado. Y las representaciones simbólicas o imaginarios urbanos permiten entender como el ciudadano percibe y usa la ciudad y como elaboran de manera colectiva ciertas formas de entender la ciudad subjetiva, la ciudad imaginada, que termina guiando con más fuerza los usos y los afectos que la ciudad real (4).
    La ciudad se presenta como un escenario de conflictos, por aquello que la sociedad produce y por las maneras de usarlo.
    Nuestra sociedad está marcada y conducida por los medios de comunicación e información, por fenómenos económicos, por los avances de la ciencia y la tecnología. Se han vivido adelantos tecnológicos que no solo implicaron el nacimiento de nuevos patrimonios, sino también que el patrimonio cultural existente llegara al conocimiento de una  mayor parte de la humanidad. Hemos ganado en cuanto al contacto que ahora podemos tener entre todos los pueblos y el gran desarrollo cultural y espiritual que esto supone, pero también ha aumentado  a la vez la imposición de patrones económicos, tecnológicos y culturales que avanzan desde los centros de poder.
    Coexistimos, algunos desde adentro, otros desde afuera, están también los que entran y salen, en fin, coexistimos en una sociedad post-industrial, de consumo, de los media, de la información, de la electrónica, de la alta tecnología. Espacios, tiempos, diversidad, urbanización, migración, discriminación, segregación, concentración, multiculturalismo, simbolicidad, signos, identidad, pertenencia, y mucho más, produce esta sociedad. Produce tanto, sobre todo información, que es casi una experiencia esquizofrénica (5), que ocurre a tan alta velocidad, que no alcanza el tiempo para decodificarla en su totalidad, lo que implica una fragmentación y recreación de la idea real.
    Se ha fragmentado la existencia social humana, lo cual ha impactado en los aspectos de la vida cotidiana y sus relaciones, y en el sentido de lo urbano. Hábitos, conductas, valoraciones, estilos de vida, nuevas formas de prácticas sociales. Estos cambios se reflejan en la ciudad, influyen en su transformación, y la hacen emerger desde el discurso teórico como un concepto fundamental en los estudios culturales de hoy.
    La ciudad valor de uso es remplazada por la ciudad valor de cambio (6). 
    Las ciudades durante mucho tiempo fueron consideradas estructuras de orden cerrado, con fisonomías estables e inamovibles. Sólo la modernidad arquitectónica intentó transformar sus espacios mediante innovaciones más o menos utópicas. Sin embargo, el impacto posmoderno sobre las estructuras heredadas de esa modernidad, el desplazamiento hacia las urbes de una población cada vez más numerosa y diversa, la aceleración del ritmo de la vida, la hegemonía de la publicidad, y la densidad arrolladora del tráfico vehicular, las convirtieron en complejas cartografías no solo topográficas, sino también sociales, administrativas, habitacionales y culturales.
    La ciudad se convierte poco a poco en espacios de flujos y canales. Está impregnada de una urbanización salvaje, que incluso a veces sin quererlo, implica la devaluación de la memoria cultural, y atenta contra la intensidad del encuentro; privilegiando muchas veces el flujo de la información y la circulación vial.
    "La comunicación que hegemoniza hoy la planificación de las ciudades es la del flujo: de trafico ininterrumpido e interconexión transparente. El caos urbano tendrá así su máxima expresión, no en el desconcierto y los medios de sus habitantes perdidos en la enormidad de las distancias o en el tráfico de las avenidas sino en el atasco vehicular. La verdadera preocupación de los urbanistas ya no será que los ciudadanos se encuentren sino todo lo contrario: ¡Que circulen!" (7)
    El espacio público pierde calidad. La ciudad deviene impersonal, intrascendente, y casi siempre aburrida. (Cárdenas, 1999)
    Pero, también podemos notar, recordando a García Canclini, que una ciudad se mueve entre lo visible y lo invisible, entre lo que se sabe y lo que se sospecha, que se carga de fantasías que emulan con la realidad, donde hay líneas que se desdibujan y certezas que se pierden.
    Habría que comprender el espacio público como espacio de saberes, de incertidumbres, protestas y simulacros. Espacio de prácticas urbanas.
    El concepto de lo urbano comienza a reconfigurarse bajo una nueva crisis de los estudios de la ciudad a partir de la década de los 50 hasta mediados de los 70. Las lecturas del espacio, la vida cotidiana y la reproducción capitalista dentro de las relaciones sociales, plantearon una nueva naturaleza urbana, las diferencias generadas por los mecanismos de racionalización de la vida social se vieron constituidas bajo un eje de valores del desarrollo industrial y además por un cambio de sentido urbano en torno al ocio y consumo urbano, como consecuencia de ello, se generaron estructuras complejas en la sociedad, las diferencias sociales, las fragmentaciones a través de la industrialización y la lectura de la ciudad como metrópolis.
    Descentramiento de lo urbano y el espacio social.
    En la ciudad se producen desafiantes procesos que ponen a prueba nuestras condiciones de ciudadanos,  nuestras capacidades para entender y dialogar, nuestras intenciones de cambiar, de vivir.
    Aunque a veces, y cito a García Canclini nuevamente, importe menos saber cómo funciona efectivamente la sociedad que imaginar algún tipo de coherencia que ayude a vivir con ella. Convivir con problemas que parecen no tener soluciones, nos incita a resolver en lo imaginario. Recorremos la ciudad también con  relatos e imágenes.
    La ciudad que usamos se hace cada vez más pequeña, crece aquella que cada vez sentimos más ajena, y solo es atravesada por los trayectos inevitables. Barbero tiene un nombre para este fenómeno: angustia cultural, significa que el sujeto  no se reconoce en la ciudad.
    Gracias a esto, los habitantes adoptan estrategias de protección. Se modifica el paisaje urbano, los viajes por la ciudad, los hábitos, los comportamientos cotidianos. Se privatizan espacios públicos, se separan aún más sectores sociales, y se fijan normas de inclusión y exclusión. Se generaliza un sentimiento de sospecha hacia los demás o los distintos.  En estos casos, el espacio público queda como espacio de nadie, abandonado. 
    Sin embargo, la ciudad es también textura de vida pública, sociabilidad y urbanidad, donde los nuevos modos de relacionarnos, integrarnos y distinguirnos en los lugares públicos, expresan la existencia de diversas matrices culturales, donde a su vez los ciudadanos participan activamente en la conformación de una cultura urbana.
    Conformación de una cultura, que sabemos pasa necesariamente por las redes de la globalización, globalización que tiende a la des-identidad, a la deshabitación, a desingularizar a los habitantes de la ciudad. Así como las industrias culturales - con sus nuevas tecnologías de información y comunicación, en relación directa con actividades comerciales - se han transformado en los principales agentes de mensajes, bienes y servicios del desarrollo cultural urbano, pero con una característica esencial, conectan con dos conceptos claves: la fragmentación y el desplazamiento del intercambio de experiencias por el flujo (red) de información, que ordenan las nuevas formas de socialidad. (Barbero, 1994) Nuevas formas de socialidad, que se traduce en los diversos modos de comunicar y habitar que hacen posibles e imposibles la valoración de la memoria colectiva y de los lugares propios.
    En el medio urbano, la vida cotidiana entraña una interacción constante entre lo universal y lo local. Lo nacional, lo regional, lo local, es parte de un proceso histórico en el cual es importante la relación entre tradición e innovación y la existencia de rasgos relativamente homogéneos para un determinado territorio, o que alcancen amplios niveles de significación para una comunidad social y sean capaces de incluir variaciones, las cuales pueden funcionar para diferentes áreas y grupos sociales de acuerdo con la transformación en las formas de vivir (8).
    Debemos apuntar sin embargo, que la densidad de las visualidades y sonoridades de las industrias culturales y las nuevas formas de socialidad que generan, no son sólo mercado y decadencia moral, como afirmarían los apocalípticos, sino que también representan el lugar de emergencia de un nuevo tejido social, y un nuevo espacio. Los cuales, no obstante, no podemos dejar de reconocer, se encontraran inevitablemente atravesados por las influencias que provocan ciertas sensaciones de movilidad, y hacen desear una identidad sin raíces, que se escurre recolectando pedazos de culturas, y espacios (no físicos) donde anclar.
    García Canclini asume, a partir de ideas expuestas por el antropólogo Ulf Hannersz, en su libro "Conexiones transnacionales" (9) que lo que ha sido local en otro lugar, debido a la globalización puede llegar a sentirse, en escenarios lejanos como en su propia casa. La idea de lo local es un tipo de experiencia sensual, de proximidad e inmersión, distinta de la que tenemos a través de las lecturas o la televisión.
    Aquí los medios de comunicación y de información vuelven a jugar un papel importante dentro del escenario cultural, ya que participan como "agentes de globalización y fragmentación de la cultura" (10). La comunicación en este campo funciona como movimientos entre culturas, lo que implica transformación y recreación de las mismas. Existe un sistema de tejidos extendido por todo el mundo, transmitiendo las mismas noticias para todos, y generando argumentos que fundamenten su credibilidad, para así lograr que la imagen exportada sea asimilada e insertada en las creencias de diversos medios culturales, formando de ese modo nuevos modelos referenciales, los cuales ya tienen cada uno por separado características similares. Lo global se localiza, de forma socialmente segmentada y espacialmente segregada, ayudado por los factores ya mencionados, y además por los desplazamientos humanos, provocados principalmente por la destrucción de viejos formas productivas y la creación de nuevos centros de actividad.
    Al ocurrir estos movimientos la ciudad se convierte en el lugar de encuentros de grupos sociales diversos, como nativos, emigrantes y turistas, cada cual con distintos niveles de pertenencia. La urbe aparece como el crisol de la diversidad cultural y de la interculturalidad, y por tanto, de la creatividad cultural.
    La ciudad  considerada como espacio de comunicación y multiculturalidad.
    La estructura de las nuevas identidades que van creando los actuales procesos, se pueden entender de dos maneras, por una parte se hallan trenzadas y entretejidas a una diversidad de lenguajes, códigos y medios que son homogeneizados, funcionalizados y rentabilizados por lógicas de mercado, y por otra, abren posibilidades de subvertir esas mismas lógicas, desde las dinámicas y los usos sociales del arte y de la técnica, movilizando las contradicciones que tensionan las nuevas redes intermediales. 
    "Hasta hace poco decir identidad era hablar de raíces, de raigambre, territorios y de tiempo largo, de memoria simbólica densa. Pero decir identidad hoy implica también, hablar de redes y de flujos, de migraciones y movilidades, de instantaneidad y desanclaje. Raíces en movimiento." (11)
    El nuevo imaginario relaciona la identidad mucho menos con mismidades y esencias y mucho más con trayectorias y relatos. Y todo esto ocurre en la ciudad, es en ella y en las culturas urbanas donde se constituyen las nuevas identidades; hechas de imaginerías nacionales, tradiciones locales y flujos de información transnacionales, y donde se configuran nuevos modos de representación y participación, es decir, nuevos modos de ciudadanía.
    El espacio público es un elemento  poseedor de valor simbólico. Por tanto, la apropiación de dichos espacios por parte de los grupos (12) (...) ha implicado un redimensionamiento simbólico, a partir de la incorporación de nuevos significados. Al mismo tiempo, los propios espacios contribuyen a la conformación de la identidad y del ethos cultural de estos grupos y a la construcción de un imaginario colectivo.  
    ¿Quiénes somos? ¿Hacia dónde vamos? Usos, espacios, prácticas urbanas que se mueven entre la conexión y el silencio. Crisis de sentido. Recreación de una nueva socialidad, reeditando un nuevo orden simbólico a partir del tejido social cotidiano. Los espacios públicos son un efectivo medidor del grado de integración social, también de los grados de conflictividad. (Bourdieu, 1988) (13) Son lugares donde vuelan los imaginarios, donde nos relacionamos, nos integramos y distinguimos.
    A pesar de todo, ni siquiera las tensiones de la agitada vida moderna han logrado que los ciudadanos rompan su relación primitiva con el espacio público. De un modo u otro, esta relación se adapta, se recombina, se vuelve incluso intensa, porque aunque partes de la ciudad se muestren bajo esa forma de violentos contrastes, nuestra vida cotidiana nos lleva a seguir apostando por los lugares de encuentros, por espacios donde se pueda vivenciar la urbe, por la preservación de intereses, sentidos, fantasías, historia, para que podamos en nuestro andar cotidiano identificarnos, que la ciudad sea un lugar de vida.
    Pero, incluso nuestro andar cotidiano ha variado, se ha transformado nuestro modo de concebir el espacio.
    Michel de Certeau entiende y propone una nueva manera de considerar el espacio, universo conceptual en el cual orbitan los estudios culturales urbanos, con un nuevo conjunto de metáforas cartográficas: como itinerarios, recorridos, relatos espaciales, espacio narrativo, mapas cognitivos, territorialidades, fronteras; ellas  provienen de disciplinas de larga tradición, como la geografía o la antropología, pero puede afirmarse su transformación en los estudios culturales actuales que se reúnen en torno a lo urbano.
    "Andar es no tener un lugar.  Se trata del proceso indefinido de estar ausente y en pos de algo propio. El vagabundeo que multiplica y reúne la ciudad hace de ella una inmensa experiencia, es cierto, pulverizada en desviaciones innumerables e ínfimas, (desplazamientos y andares) compensada por las relaciones y los cruzamientos de estos éxodos que forman entrelazamientos, al crear un tejido urbano, y colocada bajo el signo de lo que debería ser, en fin, el lugar, pero que apenas es un nombre, la Ciudad. La identidad provista por este lugar es simbólica (nombrada) más aún cuando, pese a la desigualdad de títulos y beneficios entre citadinos, hay allí solo una pululación de transeúntes, una red de estadías adoptadas por una circulación, un pisoteo a través de las apariencias de lo propio, un universo de sitios obsesionados por un no lugar o por los lugares soñados." (14)
    La ciudad actual es una ciudad en transición (15). Estamos experimentando nuevas formas de habitar la ciudad. Agrupándonos en tribus, cuya ligazón generalmente no proviene ni de un territorio fijo, ni de un consenso racional y duradero, sino de la edad y del género, de los repertorios estéticos y los gustos sexuales, de los estilos de vida y las exclusiones sociales. Enfrentando la masificada diseminación de sus anonimatos, y fuertemente conectada a las redes de la cultura-mundo de la información y el audiovisual, la heterogeneidad de estas nuevas tribus, nos descubre la radicalidad de las transformaciones que atraviesa el "nosotros" y la profunda reconfiguración de la sociabilidad.
    "En nuestras ciudades, los sujetos hacen suyos sus espacios que resignifican a través del prisma de sus subjetividades; una tienda, una parque, una esquina, pueden ser lugares simbólicos y emblemáticos para determinados grupos; prácticas cotidianas como ir de compras o jugar dominó pueden revertir valores simbólicos especiales para los sujetos y convertirse en ordenadores de su vida personal. Lo cierto es que en el entramado social coexisten múltiples y diferentes identidades culturales que otorgan significación a los más diversos escenarios y actividades." (16)
    La ciudad cambia constantemente, y nuestra idea de ciudad también, a veces para bien, a veces para mal, en dependencia de cómo se conformen nuestras funciones cotidianas. Cambia además nuestra proyección hacia la urbe, cambia lo que somos.
    Un análisis sobre la ciudad implica tener en cuenta las dimensiones de cultura e identidad,  inmersas en una estrecha relación con lo urbano, significa reconocer la existencia material de los habitantes de la ciudad, como también asumir a ésta como un escenario de imágenes, con variados lenguajes, evocaciones y sueños. (Dávalos, 1999) un análisis sobre la ciudad tiene que ver los usos y apropiaciones que se hacen de los espacios, y las vivencias que esto provoca en el ámbito de los procesos de comunicación social.
    Se trata también de poder visualizar la crisis de sentido en la que estamos inmersos. Que pasa por las alternativas de construir identidades y potenciar imágenes sociales.  Pasa por el acto de  reeditar un nuevo orden simbólico a partir del tejido social cotidiano.  
    Se transforman los usos, percepciones, representaciones e imágenes que la gente hace de su ciudad. Esta imagen es construida a partir de la apropiación que el individuo realiza de los bienes, servicios y actividades que le ofrece su entorno. Estudiar los espacios públicos como acontecimiento cultural comunicacional implica admitir que en el consumo de la ciudad se construye parte de la racionalidad comunicativa e integrativa de una sociedad.
    Al consumir la ciudad cultural también se piensa, se elige, se reelabora el sentido social de lo público (17).
    "Así funciona la Ciudad-concepto, lugar de transformaciones y de apropiaciones, objeto de intervenciones pero sujeto sin cesar enriquecido con nuevos atributos." (18)


NOTAS AL PIE:
1 Licenciada en Filosofía. Investigadora del Instituto de Filosofía de Cuba.
2 Espinosa, Magaly: Una ciudad camaleónica: la visualidad local. http://salonkritik.net. Publicado el 19 agosto 2006.
3 Martín Barbero, Jesús:  De la ciudad mediada a la ciudad virtual, transformaciones radicales en marcha, http://www.innovarium.com/CulturaUrbana/VirtualJMB.html
4 García Canclini, Néstor: Imaginarios urbanos, Buenos Aires, EUDEBA, 1999. P. 107
5 Experiencia ésta identificada muchas veces como estética del shock, la cual es vista como técnica de las industrias culturales. Vale decir que no es sólo el atributo de algunas superproducciones hollywoodenses, sino que está presente en la realidad más cercana de las personas del mundo de hoy: la de los medios masivos de comunicación. Estética común al videoclip, y que no solo remite a un corto producido para una difusión de un tema musical, sino que la tv, ciertas producciones cinematográficas y literarias reclaman cada vez más parecerse a ese tipo de videos, en donde la caótica proliferación de imágenes fragmentada y desconectadas vuelven imposible una lectura lógica y lineal.
6 Ver Roberto Segre: Las estructuras ambientales en América Latina, Departamento de Cultura de la Universidad de La Habana, 1978
7  Martin Barbero, Jesús: De la ciudad mediada a la ciudad virtual, transformaciones radicales en marcha, http://www.innovarium.com/CulturaUrbana/VirtualJMB.html
8  Tomado de: Cárdenas, Eliana: Identidad, ecología, sustentabilidad, globalización, Revista de la Facultad de Arquitectura de La Habana. Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría. Ciudad de la Habana, Cuba,2000, #1
9 Hannersz, Ulf: Conexiones transnacionales, Madrid, Frónesis Cátedra Universidad de Valencia, 1996
10 Martin Barbero, Jesús: Medios y culturas en el espacio latinoamericano, http://www.campus-oei.org/pensariberoamerica/ric05a06.html
11 Ver: Martin Barbero, Jesús: La globalización en clave cultural, Departamento de Estudios Socioculturales, ITESO, Guadalajara, México, 2002
12 Ávalos, Oscar: Ensayo de consumo irreverente. Reflexiones sobre el consumo cultural de hombres homosexuales cubano. En: Revista Perfiles de la cultura cubana. En.- Ab. 2008.
13 Ídem. Anterior 
14 De Certeau, Michel: La invención de lo cotidiano.  Artes de hacer. México: Universidad Iberoamericana. 1996
15 Martín Barbero, Jesús: Las transformaciones del mapa cultural: una visión desde América Latina, http://www.ull.es/publicaciones/latina/ambitos/ambitos2/barbero.html
16 Moras Puig, Pedro Emilio: Consumo e investigaciones culturales. . En: Revista Perfiles de la cultura cubana. En.- Ab. 2008.
17 Guzmán Cárdenas, Carlos E.: La demanda del "nosotros": descubriendo la ciudad como acontecimiento de consumo cultural. En: Medios de Comunicación y Poder, Universidad Central de Venezuela/Fundación Carlos Eduardo Frías, 1ra. Edición, 1996.
18 De Certeau, Michel: La invención de lo cotidiano.  Artes de hacer. México: Universidad Iberoamericana. 1996


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