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Título: La prehistoria de la poesía electrónica: los comienzos de la poesía por Internet

Escrito por: Alejandro Palma Castro

Facultad de Filosofía y Letras

Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

No deja de invadirme una extraña sensación al mirar el encabezado de este trabajo. Hace menos de dos décadas la relación poesía e Internet causaba desasosiego cuando no escozor. Se desató, propio del sentimiento de fin de siglo, una secuela de comentarios apocalípticos sobre el final del libro y hasta la muerte de la literatura. Pero ahora que un sistema de información como Internet ha penetrado nuestras vidas y modificado nuestros modos de convivencia en tan solo 30 años, creo que es oportuno que reseñe mi impresión de la época, en la cual la poesía apareció en Internet, y presente una panorámica de las consecuencias que han llevado a lo que en general entendemos como poesía electrónica y que usualmente se confunde con la aparición de este nuevo sistema de información. Visto así, pareciera que emprenderé un relato de glorias pasadas hace varios siglos, no obstante, tratándose de la tecnología y el modo de consumo de ésta a partir de la segunda mitad del siglo XX, entendemos que la fugacidad del medio hace que prácticamente nadie se acuerde de los comienzos, de la prehistoria.

En 2004 pude publicar un libro con el título Redvistas. Catálogo de la poesía por Internet (1996-2001) donde apresuradamente condensé parte de la investigación doctoral que realicé para mi tesis. Ya para 2003 con la masificación del "blog" y el "chat" la inminente desaparición de las "home page"[1], entendí que si no realizaba la publicación impresa de dicho material, en un par de años se convertiría en un álbum de recuerdos carente de toda novedad. Así es que me propuse dejar constancia en papel de lo que fue una primera época del Internet. Debo recordar que el Internet comenzó a ser gradualmente popular a partir de la década de los noventa. Dos elementos fundamentales constituyeron a este novedoso sistema de información y comunicación: una base de datos y comunicación de todo tipo relacionada a través de la hipertextualidad y el correo electrónico.

La poesía, supuestamente un género literario y una práctica que varios críticos comenzaron a desahuciar (Joseph Epstein, Alvin Kernan, etc.), apareció contundentemente en la Red (la "World Wide Web" en su carácter homogéneo y hegemónico). Y apareció de diversas maneras: como parte de las páginas personales (las home page), recopilaciones, antologías o compendios de poesía, portales para la difusión de poetas inéditos, grupos de discusión, poemas por correo electrónico ("email poems") y lo que di en llamar "Redvistas" (término castellanizado y adaptado de los "webzines"). Al igual que la pornografía, la poesía pareció adaptarse inmediatamente al nuevo sistema modelando sus prácticas y negando así la suposición de que su supervivencia a fines del siglo XX era un capricho de las academias universitarias y algunas instituciones públicas. Lo que sí se volvió evidente fue la apropiación popular de la poesía. Esto es, se entendió a Internet como un modo de recrear la poesía fuera de sus cánones e instituciones, como escribiera Pablo Neruda en "Oda a la crítica": "[mujeres y hombres] construyeron casas, /comieron pan, /se repartieron la luz/ y en el amor unieron relámpago y anillo". Por algún tiempo, fuera del control de la institución literaria, la gente en Internet pudo copiar poemas sin cuidado a los derechos de autor, compilar poetas y poemas sin reparos académicos, publicar pensamientos y poemas, discutir ideas, parafrasear o reescribir poemas, etc. La Red supuso para el público un espacio de libertad respecto al canon, las instituciones y los usuales medios de control para la poesía y la literatura. Tiempo después, comenzarían a extrapolarse los mismos mecanismos de control que en el campo literario[2]; por ejemplo, la Fundación Pablo Neruda comenzó una caza exhaustiva de todas las páginas de Internet que tuvieran poemas del nobel chileno argumentando los privilegios del derecho de autor. Entonces fue más claro quiénes eran los autores intelectuales de la muerte de la poesía.

Las redvistas en específico se convirtieron en un modo por conformar una alternativa a las publicaciones impresas de renombre y reconocidas por el canon literario; el planteamiento general en ocasiones, fue la difusión de la cultura y no la exclusión de público mediante una estructura cerrada con material especializado. Así mismo sus orígenes fueron diversos: iniciativas de grupos de amigos o estudiantes de la misma universidad, órganos de difusión de un grupo literario, un proyecto cultural, creadas por instituciones ligadas de algún modo a la literatura o como versiones electrónicas de revistas impresas en papel. Por ello su material se volvió heterogéneo: entrevistas con escritores o artistas reconocidos, trabajo crítico sobre determinadas obras literarias, espacios abiertos para la creación literaria, una agenda cultural específica, literatura especializada, opciones alternativas a la cultura oficial, etc. Los criterios de publicación también se volvieron más amplios que las políticas editoriales en papel.

Relativamente menos costosas que las revistas impresas, las redvistas de literatura se volvieron accesibles a un público vasto, la mayoría gratuitas y sosteniéndose a través de patrocinadores que se anunciaban en su sitio. Esta alternativa se llevó, en algunos casos, al grado extremo de anular cualquier criterio selectivo de publicación teniendo una política abierta a cualquier material que se enviara. Estos factores permitieron que se desarrollara, durante los noventa, una utopía sobre Internet y la literatura en el siguiente sentido: Un espacio para la libre expresión ante otros espacios controlados, un modo casi gratuito para difundir la literatura, una cobertura global sobre el regionalismo literario, la creación de una nueva literatura adaptada a un medio digital: la literatura electrónica de estructura abierta, con una participación activa de su lector quien tendría posibilidades infinitas para su desarrollo.

Lo cierto fue que el ánimo exacerbado hizo que algunos idealistas vieran plausible en Internet algunos de los preceptos del posestructuralismo[3] haciendo recaer en un sistema de información y comunicación mayor protagonismo que el necesario. Con el paso de los años esto fue más evidente y ahora que van popularizándose los e-books (libros electrónicos) se ve más clara la distinción entre la materia literaria y su manera de difusión. Si bien el libro no está condenado a desaparecer, por lo menos mientras la humanidad sea capaz de obtener el papel, sí se ha ido modificado gradualmente nuestro concepto de literatura propio del siglo XVIII donde el libro parecía indisociable a ella. Michel Foucault, un par de décadas antes del Internet, dedicó algunos ensayos al respecto cuestionando la propia figura del autor y su relación con la obra. Estamos viviendo justo el momento en que la literatura se expande hacia otros mercados y para ello acude a diversas estrategias mercadotécnicas: los libros de bolsillo o compactos, audiolibros, libros electrónicos, literatura por Internet y sus vías frecuentes de información (blogs, Facebook, Twitter), libros para teléfonos móviles, otros artículos (separadores de libros, tazas, playeras, bolsas, imanes para el refrigerador, etc.). Lo anterior no quiere decir que la literatura haya modificado su estructura o contenido ante una nueva estética, más bien lo va haciendo en función de las leyes de la oferta y la demanda. Si pensamos en transformación de la literatura no se trata de algo estético sino más bien de una readaptación a un mercado de consumo mundial, lamentablemente muchos de los escritores han debido, en aras de su supervivencia, sujetarse a las nuevas reglas en su arte.

Por ello, la poesía electrónica no debe confundirse como un producto del Internet y sus tecnologías. Más bien se trata de una búsqueda del poeta por capturar la esencia de lo poético con algo más que palabras por lo que trata de aprovechar otros soportes distintos al papel. En general, se trata de un texto poético generado y desplegado, en alguno de sus procesos, a través de una interfaz con soporte digital. El inconveniente de este término reside en el hecho de asociar un soporte electrónico procesando por sí sólo la escritura creativa y borrando la intervención humana, lo cual nos remite al error común de imaginar que las máquinas piensan como seres humanos. Aún así la exactitud de un término respecto a este nuevo cuerpo de textos es imposible dada la problemática con las traducciones; lo que en inglés no deja lugar a dudas "digital literature", en su traducción al español se enfrenta a una serie de significados incompatibles con lo que se desea expresar, por lo que los términos "literatura electrónica", "poesía electrónica" parecen los más óptimos hasta el momento. En algunos contextos se prefiere una distinción más que es la literatura hipermediática donde además de un soporte digital su estructura está determinada por un hipertexto y por el multimedia (lo sonoro y lo visual). El texto se vuelve más complejo ya que la forma la otorga no sólo la palabra escrita, sino el sonido y la imagen. No obstante, esta segunda categoría no parece más que una especificación o un subconjunto de la primera.

En la poesía electrónica un viejo anhelo ha sido crear una máquina capaz de hacer poemas. En 1969 en una feria cibernética, Margaret Masterman presentó "la máquina de hacer haikús" y luego escribió un artículo con las reflexiones de esa experiencia. La artífice se daba cuenta de que a pesar de que un programa para computadora podía escribir esta forma tradicional japonesa a partir de un algoritmo que escogía ciertas palabras, el proceso se volvía mecánico y revelaba, en el caso de un haikú, su estructura pero no su esencia poética. Como Masterman, un sin fin de animados poetas pulsaron las teclas de las primeras computadoras personales, en la década de los ochenta, en búsqueda del programa que hiciera poesía. A larga, estos trabajos han quedado como meras incursiones en la estructura poética pero no han generado un texto distinto al que desde tiempos inmemoriales del bardo o el sacerdote llamamos poesía.

También se ha confundido el medio electrónico como la esencia en la retórica en esta nueva poesía; nada tan falso como esto. La mayor parte de las incursiones iniciales en la poesía electrónica han seguido el planteamiento retórico usual de los textos poéticos (inventio, dispositio y elocutio) y desde luego si la poesía electrónica desea ser algo nuevo o diferente debe reestructurarse a partir de estas partes del discurso. Uno de los problemas principales con esta nueva literatura reside en atender prioritariamente la cuestión del soporte digital o electrónico confundiéndolo con la sustancia de la inventio. Esto es causa de un ilusionismo con la tecnología, bajo el cual el autor equivoca su real objetivo de crear un mensaje capaz de conmocionar a sus receptores mediante una estructura enajenante que contenga al texto mismo (contexto). La sorpresa o deleite deben provenir de una inventio bien determinada, la cual no debe recaer en el soporte de emisión como las interfaces digitales; es como si alguna vez se hubiera podido escribir una obra literaria sugiriendo como inventio la misma hoja de papel[4]. Más bien, en las siguientes dos partes del discurso poético, la dispositio y elocutio, la verbalización y organización del texto, es donde finalmente vendrá un nuevo tipo de poesía que pueda llamarse electrónica porque haya innovado de cierta manera distinta a como la habíamos percibido usualmente.

Y es que la experimentación literaria no es consustancial a la tecnología, por lo tanto la poesía electrónica no es experimental per se. Los experimentos literarios ocurrieron casi desde el establecimiento de la palabra escrita con los griegos. Por ello, Clemente Padín ha establecido una lúcida distinción entre experimentación (produce nuevos productos o conceptos con base en nuevas informaciones, cuestiona la legitimidad del lenguaje) y experimentalismo (mera manipulación de signos y la estructura del lenguaje sin generar nuevas formas). Por ejemplo, la poesía visual que comienza con Simias de Rodas en el s. III a. de C. ha planteado una experimentación inicial y la han sucedido una gran cantidad de experimentalismos que llegan hasta el neoconcretismo brasileño. De la misma forma, la poesía electrónica debe conocer la tradición para romperla y modificarla y a partir de ahí generar una serie de experimentalismos. Desde lo que yo he podido conocer de la poesía electrónica, sobre todo la que se difunde por Internet, aún no se ha generado un nuevo concepto que reformule el propio lenguaje poético, existen, eso sí, varios experimentalismos que tienden hacia esa novedad.

La gama o prehistoria de la poesía electrónica es una amplitud de medios u obras como las redvistas, la traslación de obras impresas a formato digital, creación de textos hipermediáticos, hipertextos, máquinas de hacer poemas, adaptaciones multimedia de poemas escritos en papel, email poems, poesía online, etc., que van buscando otros soportes distintos al papel para expresar la poesía. A pesar de la fugacidad con la que ha cambiado la tecnología digital en estas últimas tres décadas, la poesía no parece haber transformado mucho su esencia. Afortunadamente cada vez más artistas y poetas se interesan por aprovechar el espacio digital como un modo de transformar el texto poético, en la medida que batallen con estas nuevas tecnologías tendremos la fortuna de ampliar el goce estético que le ha producido la poesía al ser humano desde que aprendió a hablar.

OBRAS CITADAS

Luhmann, Niklas y Raffaele De Giorgi. Teoría de la sociedad. 2da. ed. México: Trina/Universidad Iberoamericana, 1998.

Masterman, Margaret. "Computerized Haiku". Cybernetics, Art and Ideas. Ed. Jasia Reichardt. Connecticut: New York Graphic Society, 1971. 175-183.

Padín, Clemente. "Vanguardia y experimentación poética". Merzmail. Internet. 6 de mayo de 2012. http://www.merzmail.net/vangua.htm.

Palma Castro, Alejandro. "El foro de poesía en la red: autopoiesis virtual ante el fenómeno "lisaymona". Revista Iberoamericana. Vol. LXXIII. No. 221 (2007): 843-860.

Quintiliano, Marco Fabio. Institución oratoria. Ignacio Rodríguez y Pedro Sandier (trad.). Roberto Heredia Correa (pról.). México: CONACULTA, 1999.

NOTAS

[1] Aunque algunos de los términos asociados al Internet tienen traducción al español, me interesa manejar la nomenclatura original en inglés para enfatizar el control del sistema que se opera a través de la maneras norteamericanas de dominio mundial y que en ocasiones se obvia u olvida bajo riesgo de no reflexionar en la gran influencia de este control sobre los procesos culturales vertidos en la Red.

[2] En mi artículo "El foro de poesía en la red: autopoiesis virtual ante el fenómeno 'lisaymona'" desarrollo con extensión el fenómeno que comenzó a operar en Internet respecto a una extensión del sistema de la institución literaria. A través del concepto que Niklas Luhmann desarrolla sobre la autopoiesis, explico cómo el Internet gestionó una autopoiesis que operó como reflejo del campo literario.

[3] El gran texto de referencia al respecto es el que compiló George P. Landow bajo el título de Teoría del hipertexto (1993), al cual le siguieron varios estudios reafirmando o poniendo bajo discusión varios de los aspectos centrales de la literatura electrónica.

[4] Al respecto, algún suspicaz lector podría refutarme con Un coup de dés de Stéphane Mallarmé. Me amparo bajo las consideraciones de Maurice Blanchot en El espacio literario desde donde se puede entender que la inventio sería el juego con el espacio.


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