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Título: CUBA SIGLO XXI: LITERATURA EN TRANSICIÓN

Escrito por: Lizabel M. Villares

La expresión de quienes se pasean en las pinacotecas revela una mal disimulada decepción por el hecho de que en ellas sólo haya cuadros colgados.

Walter Benjamin

Pensé que, como pintor, valía más que me influyera un escritor antes que otro pintor.

Marcel Duchamp

La literatura es el arte de experimentar.

Juan Carlos Flores

Cuba se encuentra en transición. Basta echar un vistazo a las distintas zonas que componen su geopolítica para entenderlo. Raúl Castro, Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, expuso el 1 de agosto de 2010, en discurso de clausura a las sesiones legislativas de la Asamblea Nacional del Poder Popular, algunos de sus planes de cambio. Transformaciones radicales en el modus operandis de la política de la Revolución Cubana. Ello se evidencia al finalizar el discurso, cuando el habitual "Patria o muerte: Venceremos" es sustituido por un escueto agradecimiento a la escucha.

En el esfera internacional las políticas de la globalización siguen expandiéndose, apoyadas en una dinámica local, tal y como demuestra la geógrafa inglesa Doreen Massey en su libro Ciudad Mundial (2008). Un contexto donde ganan terreno los términos de un zeitgeist o sensibilidad postpolítica y postideológica. El panorama se matiza levemente con una crisis editorial y de la prensa –crisis de las fuentes o crisis de la jerarquía de las fuentes- aparejada al fenómeno de la Red, los e-books y los blogs.

Signos de esta transición en la vida cultural cubana pueden seguirse a través de los libros publicados después del 2000, lo que algunos escritores cubanos jóvenes denominan la generación 0. También, a través de la obra de artistas que trabajan con el texto literario. Al abordar la literatura de avant-garde en Cuba incluyo materiales de artistas para diluir así las fronteras demasiado rígidas que separan la literatura y las artes. Otro motivo para esta inserción es que tras realizar una convocatoria, dirigida a mi lista cubana de contactos, recogí de manos de artistas los materiales de experimentación con el texto que en otros países, contando el resto de Latinoamérica, es generado por los propios escritores. Existen algunos pocos casos de escritores-artistas o artistas-escritores en Cuba, un país donde una misma política cultural sostenida por más de 50 años ha dado lugar a élites-monolitos, distantes unas de otras, cuyas estructuras se asemejan en sus dinámicas al sindicato obrero: unida en dudosa pluralidad por la práctica de un oficio y por el forcejeo con las dependencias institucionales asignadas. Entonces sobreviene una pregunta.

¿Por qué la literatura cubana actual puede verse como literatura de avant-garde?

El grueso de la literatura cubana se halla fuera del mercado, y su main stream responde a cuestiones relativas a políticas gubernamentales y políticas de élite cultural, no a políticas de marketing. Esto le otorga una especificidad que considero contribuye a la aparición y el cultivo de una estética de autor. Si bien la censura ha regido sobre lo que no es posible escribir, se ha propiciado así el ensayo de la expresión de lo prohibido, combinado con la experimentación inherente del cómo narrar, propia a toda literatura. La inexistencia de un amplio número de lectores, lo que implica a un destinatario escritor, crítico o al menos con inquietudes culturales, hace mella también en una poética al margen de dictados populistas.

En Latinoamérica estamos acostumbrados a la márgenes; no tenemos experiencias como las de EEUU y otras naciones, poseedoras de una más vasta tradición editorial. Acá siempre hemos debido considerar la opción de nadar hacia otras aguas, salir a la luz para gestionar nuestras publicaciones en un ámbito que trascienda a la aldea, demasiado provinciana y aislada, con una tradición literaria deficiente, escasa, azarosa. Salir a la luz ha sido en estos lares trascender las fronteras nacionales, ir a beber más allá.

Condición de las márgenes junto al panorama global postideológico, más la ausencia de fe en la política y los futuros nacionales, pueden hacer la fórmula cultural de la estética posmoderna en América. Autores jóvenes con un nombre en los catálogos y las antologías, los que están "saliendo a la luz" justo ahora, se encuentran con escritores "alternativos" de los países del primer mundo; sus literaturas son afines, alcanzan a contemporanizar sin esfuerzo. Los escritores latinoamericanos deben practicar su alternatividad en los respectivos entornos, enfrentándose a tendencias de marketing y a los argumentos flácidos de una crítica que ejerce la museología. En Cuba no tenemos esto. No digo que en mi país sean todos buenos escritores o que no se publique casi tanta bobería como en otras partes de Latinoamérica, sino que en Cuba, al no tener mercado nacional o internacional, y estar de espaldas a este debido a políticas culturales y legislativas propias de la Revolución Cubana, el escritor disfruta de una libertad creativa con menos presiones. La restricción para los viajes al extranjero, la insolvencia ciudadana frente a las pocas librerías internacionales, y la decisión del gobierno de llevar a cabo una política editorial en códigos de alta cultura, son algunas de las razones que impiden el contacto con el mercado global. Ello, más la falta de una crítica que se ocupe de leer y escribir sobre los jóvenes, favorecen su experiencia con varios mecanismos perversos de menos. Permítanme enmendar rápidamente la apariencia de esa frase anterior: se trata de una libertad creativa que tiene sobre sí una amenaza tácita, regulada por la autocensura, detectora y autorepresora de asuntos contrarios a los intereses de la Revolución Cubana. Casos como el de Heberto Padilla y otros yacen grabados en nuestras conciencias bajo el aura de esa frase terrible que pone tan bien en evidencia lo que puede y no puede darse como vida cultural cubana: "dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada". La subversión de de la frontera "dentro/fuera de la Revolución" por los escritores en la práctica es manejada también astutamente por la Seguridad del Estado, organismo vinculado a las instancias superiores que administran la cultura, a través de aparatos legales y funcionarios culturales que juegan a interpretar hacia qué lado se inclina la balanza (al respecto la pieza instalativa Detector de ideologías, del artista Lázaro Saavedra, es sumamente elocuente: una maquinaria que mediante un detector de movimiento y una aguja apunta hacia tres posibilidades ante la presencia humana, "revolucionario", "diversionista", "contrarrevolucionario"). Sea como fuere, a la literatura joven, hastiada de oír hablar de política, de verdades insoslayables y de razones todopoderosas y redentoras, le interesa menos el activismo o el trabajo comunitario explícito que la dedicación a la escritura en solitario de una obra que sabe trazar un campo de trampas sin dejar rastro, y que tiene incluso la astucia de hacer dudar al lector, una vez caído en el interior de la trampa, acerca del presunto culpable del desliz: ¿será el autor o el narrador?, ¿el lector mismo?, ¿la sociedad?, ¿el orden establecido?, y después de todo, se preguntará ese lector hipotético, ¿cómo hallar un culpable si ni siquiera puedo descifrar la naturaleza de la trampa?

La comunidad cultural de la década de los ´90, reescribió la historia artística y literaria, derrocando pedestales y anunciando nuevas posibilidades críticas. Su litigio con los mitos de un nacionalismo cultural y las búsquedas para descentrarlo, colocaron en la palestra pública un debate de dos filos. Nosotros queremos más. Muchos más filos. Es posible que ellos hayan exorcizado para todos –para la isla y la diáspora- al monstruo del pasado, quedándose sin fuerzas. Es posible que a nosotros nos toque entonces juguetear con el monstruo del futuro.

"We are not talking about other forms of text, we are talking about a new way to look at it", dijo Vicente Luis Mora, en su ponencia del pasado 1 de mayo, para el encuentro Hybrid Storyspaces, celebrado en Cornell University. ¿Cuál es el monstruo -a fin de cuentas, mostrare- del futuro? Está por doquier: diversión vs. aburrimiento, el comic, ciencia ficción, el slipstream, la novela negra, la cultura basura, los comerciales, las series televisivas, las letras y los ritmos pegajosos de canciones de rock, hip hop y reguetón, la pornografía, la novela policiaca, la enciclopedia colectiva, la internextualidad (neologismo de Vicente Luis Mora: "text + internet, text plus the images of travel, share or transfer") y los estudios sobre lo que la Era Digital está haciendo a nuestros cerebros.

El futuro está ahí afuera, esperando, en la imagen de un e-book y algo más. Pero los cambios que se articulan no son cuestiones de forma. Describiendo las particularidades de lo venidero, se nos olvida registrar cómo lo nuevo ya ha tomado y se adueña de nuestro mundo. La verdad está ahí afuera, porque está aquí adentro. Pues como dice el ensayista cubano Iván de la Nuez, "si todo está ahí afuera, ya no quedan outsiders". De lo que se trata entonces es de revelar los procesos que hacen de estos los escritores/lectores del futuro: o sea, los outsiders de las fronteras literarias.

La generación 0

Thanks, but I see no point in an interview. I have no theories of, nor statements about, writing. I just put down what fits and doesn’t bore me to read.

Tom Raworth en respuesta a una solicitud de entrevista de Gavin Selerie para una serie sobre escritores, 1980.

Futuro, palabra triste. Digo que sí con la cabeza y una seriedad que ni yo mismo me creo.

Los ojos de fuego verde

Jorge Enrique Lage

La influencia de "los raros", clasificación que dio Ángel Rama a una corriente de la literatura de los años ´40 en Sudamérica, es visible en varios de los escritores de la llamada generación 0. Narradores como Legna Rodríguez Iglesias (Camagüey, 1984), Raúl Flores Iriarte (La Habana, 1977), y Orlando Luis Pardo Lazo (La Habana, 1971) tienen mucho en común, por ejemplo, con uruguayos como Felisberto Hernández y Mario Levrero. Las alteraciones del tiempo y el espacio, la narración que trastoca la verosimilitud y se cruza con elementos culturales tradicionalmente marginados de la literatura con mayúsculas, son algunas de las relaciones posibles. Para comprender a cabalidad es necesario apartar aquí la concepción realismo vs. ciencia ficción/literatura fantástica, que moldea aún el debate en torno a la literatura. La metaficción como característica de la obra literaria postmoderna y su mecanismo intrínseco de parodia, más la práctica de un realismo que no va marcado por el cartesianismo o las leyes de la física clásica, hacen obsoleta esa disquisición. Ello es evidente en textos de autores como Jorge Enrique Lage (La Habana, 1979), el narrador de ciencia ficción Erick J. Mota Pérez (La Habana, 1975) y el escritor y cineasta Raydel Araoz (La Habana, 1974). Todos ellos nos hablan de una realidad más cercana a la nuestra, cada vez menos extraordinaria en sus términos de extrañeza, que la que respeta los mecanicismos ficcionales de verosimilitud o la visión convencional de los referentes. La nueva literatura precisa aligerar sus percepciones para acercarse al mundo en que vivimos –o para alejarse, que es otra manera de acercarse-, e incorporar las recreaciones culturales de la llamada cultura basura. El dilema actual para una literatura y un arte de vanguardia no es otro que la pregunta sobre cómo abandonar la resistencia seudoaristocrática que se manifiesta aún en nociones como la del demiurgo o el erudito, cediendo de manera activa a una simbiosis con la cultura de masas, sus códigos iconoclastas y la multiplicidad de saberes.

Uno de los rasgos escrituras de la generación 0, es no mostrarse como inscripción sino como textualidad efímera, considerándose similar en importancia a cualquier otra textualidad o referente. Se propicia de esta forma la incursión cada vez más frecuente del gesto literario en otras disciplinas, y la libertad para ejercer desde un sitio desautorizado, que explora la flexibilización del discurso hasta la desestructuración de cualquier lugar común o cliché, incluso político. Los poetas Nara Mansur (La Habana, 1969), Oscar Cruz (Santiago de Cuba, 1979), Yansis Sánchez (Santiago de Cuba, 1981) , Osmany Oduardo (Las Tunas, 1974), Leymen Pérez (Matanzas, 1976), José Ramón Sánchez (Guantánamo, 1971) y Pablo de Cuba Soria (Santiago de Cuba, 1980) performativizan discursos de la política estatal de la isla. También los poetas miembros del grupo multidisciplinario OMNI Zona Franca, Luis Eligio Pérez y Amaury Pacheco, el ensayista y narrador Waldo Pérez Cino (La Habana, 1972), el dramaturgo y realizador de cine Alejandro Arango Milián (La Habana, 1983), los narradores Anisley Negrín (Santa Clara, 1981), Adriana Normand (La Habana, 1977) y Yohanna Depestre (La Habana, 1977), esta última desde su libro D-29 (2007) y su video Abiku (2008), al igual que la poeta y performer Nailé Piñeiro (Cajón de vaciamiento, 2007), no sólo realizan la desacralización de los discursos políticos sino que recrean sus procesos coercitivos. Es notorio también al respecto el trabajo del curador y galerista Rubén Cruces (La Habana, 1980) con el comic cubano o los trabajos de nuevos medios Informe de hechos vividos (DVD, 10:43 min., 2006-2007, obra de Jesús Hernández-Güero conformada por tres reportajes ficticios realizados y filmados en los estudios del Noticiero Nacional de la Televisión Cubana), y Cuba: Fake News (http://cubafakenews.blogspot.com, 2009, periódico online donde cualquiera está invitado a publicar sus noticias falsas sobre Cuba).

El aumento de la interdisciplinariedad en un campo literario hasta ahora notablemente cerrado puede verse en los poemas en movimiento del artista plástico Samuel Riera, cercanos a la experimentación de la poesía concreta brasileña, y en el proyecto de net art El Dilentate Digital (2006- ), dirigido por Kevin Beovides Casas (La Habana, 1978), cuya experimentación gira en torno a la literatura. Otro caso es el proyecto de Jesús Hernández-Güero La Tercera Pata, que consiste en la edición de un libro con artículos de opinión de autores cubanos censurados en la isla actual, cuyos trabajos serán montados sobre un fondo de facsímiles de la prensa nacional del siglo XIX.

La subversión del relato autoral se muestra como tendencia. En un ensayo de 2010, Iván de la Nuez escribió que la muerte del autor debería conducir hoy a la muerte del artista. Las últimas "obras" de la artista cubana Tania Brugueras dan cuenta de la llegada de esta segunda muerte. En el campo de los escritores, autores jóvenes como Ahmel Echevarría (1974) y Dazra Novak, seudónimo literario de la escritora Mairelis Ramón Delgado (1978), llevan hasta zonas antes desconocidas el trabajo con la entidad autoral. La producción del artista plástico Ulises Urra, con su making of del arte y la literatura presente en los videos Viaje del arte, Sinfonía o el primero de sus trabajos audiovisuales de animación, Manual del miliciano, el cual acompañó a la exhibición Fuera de nada, en 2007, también pueden leerse como señales de un gesto futuro de mayor envergadura.

Todos los creadores mencionados tienen una característica en común, cuasi método en la génesis de obras: la diversión. Diversión es entretenimiento, pero también lo que mueve a risa o un acontecimiento donde circunstancias ordinarias han sido sustituidas por una situación extraordinaria o poco común. El aburrimiento, por el contrario, es el sitio de lo que ha perdido encanto, donde redunda lo maniqueo. Diversión y aburrimiento: dónde está una, dónde hay el otro, es una distinción fundamental para una literatura activa hoy en día. Cuba es un país que pasó en los ´90 por una fuerte crisis de valores, acompañada de la crisis económica aún vigente, lo que dejó espacio para una filosofía del no discernimiento, el "vive y deja vivir", conocido popularmente. En el área internacional, la nueva ideología que se despliega por doquier con rostro desideologizado, denunciada por Slavoj Zizek, acentúa la importancia de poder distinguir entre situaciones-producciones novedosas y lugares comunes-reproductivos. Entonces, es necesario quitar las amarras al texto, dejarse sorprender por él. Rasgar, rasgar, rasgar, hasta que salga aquello de lo que no teníamos ni idea. Y también, jugar jugar jugar, hasta que la verdad aflore, y el juego termine.


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